ENRIQUE GONZÁLEZ DE GOR
El otro día me decía un erudito en la materia que la policía está para servir al ciudadano y denunciar las infracciones del ordenamiento jurídico. No lo dudo y recientemente lo experimenté gratamente en primera persona: la policía encontró a uno de los malos y consiguió que me devolvieran una gran cantidad de dinero que alguien cogió en un descuido por mi parte. Lo hizo con diligencia, rapidez y con una entrega inusitada. Hablo de la Policía Local, esa que muchos critican por ser niñatos con gafas de sol de aire chulesco. Bien pues no sé si los habrá, pero que fueron muy efectivos se lo puedo asegurar.
Pero es cierto que no todas las actuaciones son tan espectaculares y objetivamente tan brillantes. Hay otras intervenciones de la Policía Local que parecen estar auspiciadas por alguna inquina o entidad superior. Desde hace varios días la policía visita un par de veces al día la calle Pereda en Pedregalejo. Es una calle no muy transitada pero que debido a algunos negocios que, a pesar de todo, aún quedan en la zona, tiene en ciertos momentos carencia de aparcamientos. Es evidente que la acera no está para los coches pero no es menos cierto que la frecuencia de paso policial y la intensidad de uso de boli y boletín de multas no parece establecida por un sistema de prioridades lógico ni objetivo.
Solo se me ocurren dos posibilidades, aunque probablemente ninguna sea la verdadera: la primera, que algún vecino haya llamado y la policía en lugar de otros menesteres prefiera hacer caso del vecino protestón y la otra, que alguien haya ordenado la consigna de que hay que recaudar más y sobre todo en las zonas donde es más probable recaudar de 200 en 2oo euros. Ojalá no hiciera falta la policía pero eso es una utopía y por tanto es necesaria. Lo que no sé es si son necesarias las consignas políticas al cuerpo, al cuerpo de policía.