PEDRO DE SILVA
Garzón ha sido un juez un tanto desmesurado. De no serlo no se hubiera enfrentado al crimen de Estado (caso GAL), ni perseguido a dictadores en dorado retiro (caso Pinochet), ni montado una muy arriesgada teoría sobre ETA y su entorno, que al final ha acabado con ETA. En su actuar ordinario y mesurado la Justicia nunca hubiera podido llegar tan lejos. Ahora bien, siendo Garzón un juez desmesurado, el remedio para meterle en cintura no lo ha sido menos: lo fue ya lanzar contra él tres procesos penales simultáneos, con todo el aparato, y lo es también la primera sentencia, inflada de doctrina pero cuyo núcleo parece descansar en sutilezas interpretativas de hechos o del derecho, en las que no encaja el dolo. Sinceramente, creo que Garzón se excedió en las escuchas, que pudieron afectar al derecho de defensa. Pero condenarle por prevaricación es otro exceso: una desmesura corregida con otra.