Siete días

La necesaria reforma educativa

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JAVIER GONZÁLEZ DE LARA Y SARRIA Según el Servicio Andaluz de Empleo (SAE), nuestra provincia superó en enero la barrera psicológica de los 200.000 parados inscritos. Málaga tiene un 105 por ciento más de paro que a finales de 2007, y se consolida como una provincia estancada laboralmente, al alcanzarse el 31,6 por ciento, según la última Encuesta de Población Activa (EPA). Estas cifras se enmarcan en un contexto difícil de imaginar hace años, con más de 5,3 millones de parados en España y más de un millón en Andalucía.

De todas estas cifras hay una que sobrecoge: el 55 por ciento de los menores de 25 años de nuestra comunidad está sin empleo. Además, uno de cada cuatro jóvenes parados en España es andaluz. El principal problema es el desproporcionado desempleo juvenil, en un mercado laboral que, por fin, será reformado por sus insostenibles deficiencias estructurales.

Curiosamente, Bruselas ha enviado a España un «grupo de choque» de expertos y asesores para ayudar a reducir esta alarmante cifra. The big brother en versión comunitaria. Creo que lo primero que habrán observado es el deficiente sistema educativo que mantenemos, con un elevadísimo fracaso escolar. España se sitúa a la cola de la Unión Europea y pasa del 27 por ciento de los alumnos que dejaron la educación en 2000, al 31 por ciento del pasado año. Nuestro país está ciertamente atascado en materia de educación, doblando la media europea de abandono escolar, que no va más allá del 14 por ciento. También Andalucía sigue estando a la zaga, tras el último informe elaborado por el Ministerio de Educación, una «Evaluación General de Diagnóstico» realizada a estudiantes de 2º de ESO de toda España. No sólo salimos mal parados en el ratio de número de alumnos por profesor, sino que estamos muy por debajo de la media en inversión total por alumno, capacidad lingüística, matemática, conocimiento del medio y competencia social y ciudadana.

Los expertos europeos citados podrán comprobar de primera mano que en este entorno de importancia creciente de la educación, y más específicamente de la Educación Secundaria Superior, la alta incidencia del abandono escolar temprano en España es muy preocupante. Si esta situación es alarmante por sí sola, aún lo es más en el contexto actual de crisis económica, pues mientras que antes de la misma este grupo accedía con cierta facilidad al mercado de trabajo en sectores intensivos de mano de obra (hostelería y construcción), ahora es mucho más difícil para ellos encontrar empleo. Además, la insuficiente formación básica de los que abandonan tempranamente el sistema educativo es difícil de suplir posteriormente, siendo mucho más complejo reconducir su actividad laboral y su empleabilidad. Por si fuera poco, este factor no sólo afecta al bienestar social de quien lo sufre durante toda su vida, sino que puede condicionar y reducir las posibilidades de éxito en los estudios de sus hijos, convirtiéndose en un preocupante círculo vicioso de efectos demoledores. Lo peor es que el fracaso educativo suele generar fracaso social.

La educación siempre ha sido un recurso clave en la estructura social y en las oportunidades en la vida de las personas, por lo que existe una relación clara entre fracaso escolar y exclusión social. Somos conscientes de que cualquier estrategia para reducir el fracaso escolar ha de abordar los ámbitos familiares, educativos y sociales, y todo esfuerzo será poco ante la magnitud del asunto.

La caída del empleo durante la crisis se está cebando con amplios sectores sociales, pero sin duda, en mayor medida con los jóvenes en general. La raíz del problema reside en que la mayoría de esos jóvenes desempleados tienen una baja cualificación profesional. Dos de cada cinco españoles menores de 25 años se encuentran sin horizonte y sin trabajo.

En paralelo, la nueva reforma laboral pretende, entre otras muchas cuestiones, incrementar precisamente la empleabilidad de los trabajadores, apostando por una formación profesional que favorezca el aprendizaje permanente. El Gobierno debe negociar con los sindicatos, la patronal y los partidos políticos una futura Ley de Formación Profesional. El objetivo quizás sea instaurar en España el llamado modelo dual o alemán, que combina la formación teórica con las prácticas remuneradas en la empresa. Ojalá que estos propósitos sean, en breve, una realidad. Está en juego el futuro de nuestros jóvenes.

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