Cartas al director

 

Carteles de semana santa
Con excepción de algún hotel emblemático de Málaga y algún otro recientemente inaugurado, a cuyos directivos felicito de todo corazón por haber sabido «introducir la Semana Santa», que es, no lo olvidemos, el acontecimiento anual más popular de la ciudad; resulta curioso y a la vez, decepcionante, el hecho de que muchas tiendas y establecimientos de hostelería «ignoran» la Semana Santa; tal vez porque sus dueños o directivos sean agnósticos o ateos, pero aún siendo esto así, que lo será en muchos casos, no hay quien les quite a estos pretendidos cosmopolitas, el sambenito de paletos y acomplejados, en la misma línea del nuevo rico que tira la silleta de anea y el costurero/lata de carne de membrillo de su abuela porque le recuerdan, a su mente posmoderna, y, a la vez, insegura, lo sombrío de su extracción.

Mercerías, pastelerías, bares, tabernas y comercios tradicionales, preferentemente del Centro, parece que rivalizan en ostentar un profusa cartelería, que es una de las expresiones artísticas más ricas, imaginativas y variadas que se producen en Málaga todo el año; y a su lado, pared con pared muchas veces, las tiendas minimalistas, asépticas, modernas, ignoran o parecen ignorar los afanes de la ciudad que la sustenta y las mantiene abiertas, parece que esto no va con ellos... Recuerdo los tiempos en que, en estas fechas, se hacían concursos de escaparates; en Sevilla hasta los grandes almacenes más importantes participan en la celebración, y aquí en Málaga, un elegante bar de copas del Centro, organiza todos los años, con el máximo respeto y unas enormes dosis de buen gusto una exposición de imaginería sacra. Realmente Andalucía puede con todo.

Se me objetará este tópico tan manido de que no se quieren ofender los sentimientos religiosos, o, mejor dicho «no religiosos» de la gente; que si se abre la mano en esta materia cada empleado va a traer el cartel de su cofradía... Carteles no hay que poner muchos, aunque en algunos sitios esta acumulación resulte pintoresca y atrayente; bastaría instalar en cada escaparate –en calle Larios hay muchos escaparates de entidades bancarias infrautilizados– algún motivo alusivo a la conmemoración que invade la ciudad y que entra por los cinco sentidos en estos días tan señalados. Otra cosa es esnobismo cutre, o no querer complicarse la vida los encargados de las franquicias que pueblan la ciudad y comen de la misma; ahora que tanto se habla de «integración», parece que haya un sector del comercio malagueño reacio a integrarse de verdad en la ciudad. ¡Qué razón tan grande tiene el pregonero Antonio Banderas cuando dice que el hombre sin raíces es una cosa deleznable!
Eduardo Guerrero Arias
Málaga

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