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Tribuna

Semana de pasión

 

JOSÉ LUIS MARCOS MEDINA Acabó la Semana Santa, la semana que cada año conmemora la pasión de Jesús de Nazaret, aquel que dicen expulsó a los mercaderes del templo, que bebió agua del cántaro de una samaritana, que era amigo de la Magdalena y perdonó a la adúltera porque sus acusadores tampoco estaban libres de pecado. Aquel que llamó bienaventurados a los limpios de corazón por buscar la paz y sufrir persecución por razones de justicia; el que revolucionó el mundo cuando nos invitó a amar al prójimo como a nosotros mismos y por encima de todas las cosas.
Aquel que se atrevió a llamar hipócritas al partido de los escribas y fariseos, amigos de la ostentación, practicantes del diezmo y no de la justicia y la misericordia, hostiles con el «ám-ha-ares» (pueblo de la tierra) al que culpaban de todos los males del mundo, fue denunciado por ellos, llevado ante los sumos sacerdotes, Anás y Caifás, y condenado a muerte. Hasta el monte Calvario el suyo fue un camino lleno de dificultades, miserias, mofas y escarnios, cargando con la cruz de su muerte. Vía Crucis.

¡Cuánta semejanza con nuestra realidad!. Acabó la semana de Pasión y comienza nuestro «vía crucis» como pueblo de la tierra que ha de expiar los pecados cometidos por otros. El partido de los fariseos hipócritas, que dicen unas cosas y hacen otras, ha ofrecido a los sumos hacedores europeos, Merkel y Sarkozy (el que niega a España más veces que Pedro a Jesús) los sacrificios que hemos de hacer los españoles para calmar las iras de los mercados.

Así pues, el pueblo, engañado por el fariseo Rajoy y sus escribas prometiéndole confianza ante los mercaderes, empleo y abundancia para todos, es despojado de sus bienes. De manera inmisericorde e injusta se le aumenta el diezmo obligatorio (más impuestos), mientras para su mayor escarnio y mofa contempla la amnistía fiscal para los defraudadores a la hacienda pública, que seguirán viviendo en sus paraísos.
Debido a la exigencia de los mercados en el cumplimiento del déficit, el pueblo se verá privado de las ayudas en sus necesidades básicas. Las personas mayores, dependientes, enfermos y discapacitados no dispondrán de los fondos económicos necesarios que requieren sus cuidados, ya que, al fin y al cabo, son personas improductivas que no interesan a los mercados.

Por la misma razón anterior se eliminan las becas y ayudas a la educación y el estudio, privilegio reservado a los elegidos y del que serán privados los hijos del pueblo y los gentiles.

Quedan abolidos los derechos de los trabajadores y se refuerza el beneficio y poder empresarial. El obrero que quiera llevar a casa un salario deberá someterse a la voluntad del empresario, quien podrá rebajarle el sueldo, disminuir su descanso, modificar el horario laboral, trabajar estando enfermo o ser trasladado a Laponia. Pero sobre todo, el obrero velará celosamente que su amo obtenga beneficios todo el año porque, si no, podrá ser arrojado al pozo del paro rabioso para toda la eternidad.

El trabajo, pues, dejará de ser un derecho constitucional y pasará a ser una dádiva gestionada por una gran y ancestral multinacional católica, cuyo director general en España es monseñor Rouco Varela. Esta empresa ofrece trabajo poco remunerado pero indefinido, que no es poco. Eso sí, el trabajo que ofrece es solo para hombres. No porque la empresa discrimine a las mujeres, no, sino porque en España, según la doctrina Gallardón, para ser mujer hay que tener hijos, y a ver qué hace la empresa con los niños.

Algunos territorios de España, como Málaga, sufrirán de manera especial el castigo de los recortes en inversiones que hará el Gobierno, según anunció con sardónica sonrisa el ministro recaudador Montoro. De las inversiones prometidas por sus representantes en Málaga no se hará ninguna: ni depuradoras, ni apoyo al turismo, ni apoyo a la universidad y sus campus de excelencia, ni a la investigación y desarrollo, ni ná de ná. Las únicas actuaciones que se continuarán son las proyectadas, presupuestadas e iniciadas en su día por el Partido Socialista: metro, puerto, aeropuerto, AVE a Granada, anillo ferroviario de Antequera,…, para mayor «inri» de Bendodo que se ha bebido el trago amargo de quienes son los que llevan en sus genes el odio a Málaga.

A pesar de las multitudinarias manifestaciones de gritos y rechazos a beber el amargo cáliz de la crisis, el partido fariseo sigue obstinado en que el pueblo cargue con ese pesado madero, sin Cireneo que le ayude a llevarlo, ni Verónica con sábana que enjugue el sudor de su rostro.

«Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi, quia per sanctam crucem tuam redimisti mundum». Empuña de nuevo el látigo y expulsa a los mercaderes para siempre del templo. Amén, así sea.

[José Luis Marcos Medina es gerente de la agencia IDEA en Málaga]

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