Siete días

Hecho como nunca

 

Iñaki Pérez de la Fuente Teotihuacan fue una de las principales ciudades de Mesoamérica cuya decadencia a partir del siglo VII daría lugar al florecimiento de la civilización Maya. Sus restos se encuentran al norte de la ciudad de México. De ella desapareció hasta su nombre original, aunque tal vez el nombre que le dieron los mexicas, cuyo significado en náuhatl es «la Ciudad de los Dioses» refleje mejor la grandeza de su arquitectura y el asombro de las generaciones posteriores. Les bastaron sus ruinas para convencerse que los restos de la ciudad que contemplaban solo podía haber estado habitada por dioses que la abandonaron.

La valoración que hacemos de los tiempos suele llenar de fuerza el apego a las tradiciones, y los modos de funcionar aprendidos, que finalmente se vuelven incuestionables, y ante cuyas puertas, un «esto siempre se ha hecho así» responde a la llamada de nuevas ideas. Los teotihuacanos tenían entre sus tradiciones la de quemar todas las posesiones que habían acumulado en varias generaciones, ropajes, vajillas, enseres domésticos… con el fin de comenzar un tiempo en blanco.

Jorge Wagensber habla en su reciente libro Más árboles que ramas del carácter positivo que puede tener una crisis, al ser la manera que tiene la incertidumbre de «señalar errores». Saber detectarlos es clave en nuestro deseo individual y colectivo de perseverar; modificar nuestra forma adquirida de funcionar lo es aún más. Después de cinco años de dura travesía para el sector de la construcción y la arquitectura, se necesitan urgentemente nuevas medidas que descarguen del peso creciente de gestión, supervisiones cruzadas y tasas económicas que inmovilizan a un colectivo exánime.

Acostumbrados a un paisaje de grúas cuyo perfil indicaba la pujanza económica de nuestra ciudad; su casi desaparición junto con los trabajos asociados a ellas, obliga a una reconsideración severa del formato administrativo, profesional y colegial que en tiempos de bonanza se vinculaba a la arquitectura. A falta de recursos económicos, sólo lo que depende exclusivamente de las relaciones interpersonales y administrativas es mejorable. La solución no va a llegar a lo grande desde arriba, sino desde abajo, fruto del acuerdo creativo y generoso entre particulares capaces de hacer posible lo que nunca se hizo así.

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