La mirilla

Desaprender lo aprendido

El euro llegó y, de la emoción desatada, pasamos al hastío. Todo se encareció y ya no eran tran graciosas esas monedas con motivos de países a las que ya ni prestamos atención. Ahora hay quien dice que dejaremos la moneda única. Yo sólo digo que si todo vuelve a lo de antes, bienvenida, peseta.

 05:30  

Marina Fernández Menuda lata. Cuando ya habíamos aprendido que un euro son 166,6 pesetas, parece que podemos volver a la antigua moneda. Corría 2001 cuando empezamos a «trapichear» con los euros. Recuerdo la novedad, que todo el mundo quería que llegara 2002 para sólo tener esas nuevas monedas que nos iban a cambiar la vida. Los pisos valían nosecuantos millones, el pan, menos de cien pesetas, y una buena cena tres mil. Todos querían tener euros brillantes y esos pequeños billetes con aire moderno que dejaban a la monarquía desgastada, como si ya nada tuviera que ver con ella y llegaban monedas de toda Europa, con monumentos y modernidades. Pero nos las dieron con queso.

Aquellas calculadoras que invertían los precios, de euros a pesetas, empezaron a darnos malos ratos. Un café ya no valía cien pesetas, sino doscientas. Y así todo. Qué les voy a contar. Poco a poco fuimos asumiendo que el euro se iba a quedar, y como si fuese uno más de la familia, lo incorporamos a nuestras vidas. A mí, pese a haberme pillado relativamente joven, me costó. He de reconocer que hasta hace un año más o menos pasaba los millones de los pisos a pesetas, para saber cómo era la cosa. Y llegó el día en que me acostumbré, por fin, y no necesité el móvil o la «cuenta la vieja» para comprar nada. ¡Por fin una ciudadana europea!

¡Y ahora van y nos dicen que podemos salir del euro antes que Grecia! ¿Ahora? ¿Cuando los que eran mayores cuando llegó la moneda única se implantó ya no están o cuando ya se han enterado de que cinco euros no son cinco mil pesetas? Ahora no.

Estas lecciones de economía a las que hemos asistido impasibles, por obligación y sin darnos cuenta, empiezan a ser pesadas. De aprender qué es el euríbor, que son las agencias de calificación y qué es la prima, estamos pasando, a marchas forzadas, a conocer qué son los rescates, los eurobonos y el déficit cero.

Aunque, ¿si volvemos a la peseta, volverán los precios de antes? ¿Dejaremos de pagar copas o el cine a 1.000 pesetas? –se dice pronto, ¿eh?– ¿nos dejarán comprar chicles a duros? Si es así, me sumo a la propuesta, pero me da que no sólo no nos van a dar duros a cuatro pesetas, sino que nos vamos a quedar con los euros, la vida va a seguir subiendo, nos van a seguir recortando con tanta deuda y compromiso de déficit cero, y lo único que vamos a tener alusivo a la peseta española serán las que nos den ganas de hacer, con las manos, cuando veamos la cuenta a final de mes.

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