Tribuna

Hasta el gorro de los políticos

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Juande Mellado La súplica, la angustiosa súplica de Pepe Chamizo en el Parlamento andaluz es como una oración impregnada de millones de vidas angustiadas porque hacen una comida al día, tienen al completo la cartilla de racionamiento (los abuelos y jubilados), que hacen cola en los comedores sociales, que se levantan cada mañana con la angustia de nada que hacer y que viven en el perenne drama de no tener más esperanza más allá de las migajas sociales que les tocan. Los lunes, al sol; y toda la semana. Pepe Chamizo, con su plegaria, no ha hecho más que ser altavoz de lo que pensamos muchos españoles. Estamos hasta los cojones de las «peleítas» de los políticos, de que cabalguen ustedes en su mundo, olvidándose del sufrimiento de quienes esperan el cierre de los centros comerciales para sacar de la basura algunos tomates comestibles, de quienes armados con un gancho remueven los cubos de la basura para encontrar algo que llevarse a casa. Estamos hasta los cojones de que ustedes, y lo digo con cariño, no avancen en la resolución de los problemas del personal, de los ciudadanos. Pepe Chamizo, una vez más, es la conciencia rebelde que no se achanta ante los poderosos y políticos, el altavoz del drama de quienes pierden el hogar por la presión de la banca más tramposa e insolidaria mientras existen miles de viviendas de protección social que están abandonadas. Me da que la súplica de Pepe Chamizo –«por favor, por favor»– será como la voz que clame en el desierto y que sus palabras y quejas se las llevará el viento de la insolidaridad.

El mismo día que Pepe Chamizo se convertía en el Pepito Grillo de las adormecidas y acomodadas conciencias, preocupadas en salvar su «corralito», el gobierno de Griñán aprobaba el plan de recortes impuesto por el Gobierno de Rajoy, bajo la torva mirada de Cristóbal Montoro. Un recorte de ahorro de 2.700 millones de euros, de los que 750 millones recaerán sobre los sacrificados funcionarios que cada noche se acuestan sabiendo que son unos privilegiados con nómina y garantía de cobro a finales de mes, aunque hayan perdido por el camino un poco (un 10%) de su salario, ninguno por debajo de mil euros. ¿Saben ustedes lo que significa ser mileurista? No sé si los sindicatos, unidos al alimón cuando se les toca la cartera, son conscientes de que la otra alternativa era poner en la calle (lunes al sol) a 24.000 funcionarios. Es lamentable que tanto UGT como CCOO bailen al son que les toca la agrupación corporativa del funcionariado (CSIF) de clara obediencia al Partido Popular. Pastrana y Carbonero tienen la obligación de decirle al Gobierno Griñán, por escrito y a ser posible en sede parlamentaria, cuáles son sus propuestas para mantener el compromiso del déficit al que estamos obligados. Valen las protestas en la calle, pero valdrían más si van acompañadas de soluciones, posiblemente el adelgazamiento de la Administración.

A todo esto, cuando España se asoma al abismo, al borde de rescate total, asistimos perplejos al ver cómo el presidente Rajoy se mueve en los foros internaciones como un zombi, al que todos los líderes mundiales le piden «rapidez y claridad», dos peticiones que están en las antípodas de la manera de ser y actuar del presidente español. Para consumo interno, Soraya Sáenz de Santamaría y Jimena de Cospedal seguirán recordando, con una cara que se la pisan, que la prima de riesgo se llama Rodríguez Zapatero, pero al menos habría que pedirle al presidente Rajoy que dijera a los españoles, a sus socios europeos y a los capitalistas (que llaman mercados) cuál es su hoja de ruta. Sin las mentiras y los juegos de palabras con los que toma el pelo a los ciudadanos. Como ha dicho Pepe Chamizo, estamos hasta el forro o, más castizo, hasta los cojones.

P.D.- (1) Carlos Dívar, de su bolsillo, se pagará un largo y eterno viaje caribeño. De momento, ya ha hecho la reserva en el Dinamar de Marbella para este fin de semana. Es broma.

(2) Ignacio González, cortafuegos de Esperanza Aguirre, tiene previsto apuntarse al paro porque no le llegan los dos mil euros que le cuesta el alquiler mensual –ojo, no se equivoque, mensual– de un ático en Marbella, en urbanización supermillonaria. Haciendo patria.

(3) Francisco Correa, tan cerca de Gibraltar y de otros destinos donde se mueve le dinero negro, no encuentra en Sotogrande calor y amistad. No le importa, su consuelo está en las millonarias cuentas bancarias que le rondan por los riñones.

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