Juan Gaitán
Está siendo el culebrón del verano, que ya sabemos los plumillas que no hay sábado sin sol ni verano sin culebrón. El Málaga desvela los sueños de los malaguistas seguramente más que la prima de riesgo, que no nos es tan familiar ni tan cercana. El Málaga, al que por una vez habíamos conseguido ver allí donde todos pensábamos que merecía estar, de pronto se ha descompuesto, ha caído, él también, en crisis, y se aboca al desastre. A estas horas en las que escribo, mirando por la ventana la calima que trae el viento del Sur, posiblemente Pellegrini y los futbolistas estrella estén ya haciendo las maletas mientras el club se hunde en la miseria.
Al final el jeque nos ha salido rana. Como algunos sospechábamos (la hemeroteca está ahí, y si alguien quiere comprobarlo que mire esta misma columna el 4 de febrero de 2011), el Málaga no era el club de sus amores, sino un medio para lograr una serie de fines en los que latía, como siempre, el dinero. Ha quedado meridianamente claro que el jeque utilizaba el Málaga como medio de promoción y de presión para conseguir sacar adelante algunos proyectos urbanísticos no precisamente pequeños. Y, como hay que tener cuidado de no confundir las casualidades con las coincidencias, no podemos equivocarnos al analizar el momento exacto en que el club ha dejado de interesarle.
Sin embargo, esto que nos está pasando debería llevarnos a una seria reflexión sobre lo que, en realidad, el Málaga significa para Málaga. Si la cosa consiste en estar esperando la llegada de un mirlo blanco que ponga el dinero necesario para hacer una plantilla competitiva y nosotros tomarnos solo el trabajo de sentarnos a disfrutar, bufanda al cuello, y si acaso seguir al equipo por Europa, probablemente nunca tengamos el club que queremos pero sí el que nos merecemos. En cambio, deberíamos tomar ejemplo de cómo lo hacen en otros lugares, donde algo que (guste o no) es una especie de símbolo ciudadano, una seña de identidad para muchos, no se vende a las primeras de cambio ni al primero que llega luciendo cheques y cochazos.
Tal vez no sea el mejor momento para reclamar un paso adelante de gente más comprometida con Málaga, gente de aquí, con capacidad para hacer un proyecto más serio, quizás menos ambicioso a corto plazo, pero más fiable, más duradero. Sin embargo creo que no hay otra manera. Deberíamos haber aprendido ya que los mirlos blancos acaban siendo buitres disfrazados.