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Cuaderno de mano

La vida en ´B´

La economía sumergida, que mueve en Málaga más de 6.100 millones de euros, está diez puntos por encima de la media europea y seguirá aumentando con la próxima subida de impuestos

 05:30  

Guillermo Busutil Cada día, un ciudadano se pasa al lado oscuro. Es fácil. No hay frontera ni vigilancia que impida mover el dinero sin dejar rastro. Hacerlo no requiere tener un maletín de piel o una cuenta caimán en algunos de esos paraísos donde los ricos ligan bronce, silicona y felicidad de veinte quilates. Lo único imprescindible es saber que el dinero siempre ha sido cobarde y que el limbo fiscal no tiene derecho de admisión. La cuestión es que la economía sumergida, que mueve en Málaga más de 6.100 millones de euros, está diez puntos por encima de la media europea y seguirá aumentando con la próxima subida de impuestos.

Unos lo hacen porque tienen difícil la supervivencia cotidiana en el sistema que los excluye pero son mayoría la rentas desahogadas que buscan salvaguardar sus grandes fortunas o amasar la avaricia de los beneficios, a pesar de que la reforma laboral les pusiese a huevo defraudar a la justicia y soltar el lastre de los currantes. El gobierno les regaló una amnistía pero a los ricos no los ha convencido. De hecho en el último trimestre ha aumentado la fuga de capitales. Tampoco ha hecho mella en aquellos sectores empresariales en los que es habitual no dar de alta en la seguridad social, hacer contratos o pagar un salario justo. Los que si serán perseguidos y castigados por Hacienda serán los primeros. Esa pobre gente desahuciada de la construcción y de otros sectores en desguace que ya no saben cómo poner un plato de lentejas en la mesa de su familia.

Son los delincuentes que nunca han aceptado que Hacienda somos todos, exceptuando a los que multiplican los panes y los peces sin mancharse de sudor y a un número elevado de votantes del partido que gobierna bonanzas para su clase y tormentas para los desclasados. Carlos Soriano, que cada vez que habla sube el pan, lo ha dejado claro. En España, los pobres son unos pícaros. Un ejemplo son esos hijos que cobran la ayuda de 400 euros pese a vivir con sus padres. Su veredicto es firme: son culpables de fraude al Estado, de robarles el pan a otros que se lo merecen más. ¿Cómo va el Gobierno a auditar la necesidad real o el merecimiento de la ayuda?. ¿Por qué tiene esa peligrosa tendencia a criminalizar a los trabajadores? Lo ha hecho con los inmigrantes, los jubilados, los funcionarios y los parados que colapsan todos los lunes el sol de los parques y de las terrazas de plástico de los bares, en lugar de buscar empleo.

Quién sabe si también los acusará de judeo masones. En cambio, calla y mira para otro lado si se trata de los diputados que reciben el doble para vivir en Madrid, aunque posean casa, o de la pasta que perciben los ex cargos políticos por sentarse en los consejos de administración de los bancos, de las grandes empresas privadas o en el salón de sus chaletes, después de una gestión política invisible, en lugar de volver a integrarse laboralmente. Un objetivo que sí le demandan a los parados de larga duración, a los jóvenes que utilizan como carne de cañón barata y a los mayores de cuarenta años que se vuelven invisibles para el mercado que está a punto de devorarse a sí mismo.

Cada vez que uno lee los argumentos del gobierno, ante la crisis y su reparto de bulas y condenas, no sabe si descojonarse de risa, declararse agnóstico de la política, convertirse en un insumiso fiscal o afiliarse a los corsarios de Sánchez Gordillo que se han echado al monte donde la desesperación, el hambre y la rabia siempre encontró refugio y canción. No serán los únicos. Si el gobierno persiste en suprimir las bases de la subsistencia social y en su progresivo acoso a los más débiles, sin acometer reformas estructurales y a punto de pedir oficialmente el rescate que nos hundirá más, aquí se va a liar la de Dios. Cada día es más perceptible y real que España se está convirtiendo en el Tercer Mundo y que otros países vecinos llevan el mismo camino. Es difícil entender que Europa no haga nada para impedirlo, que la única solución a la que darle vueltas sea la de expulsar del euro a los arruinados y pedigüeños. La crisis está generado una extraña selección de la especie. No es extraño que cada día una persona se pase al lado oscuro. Que cada día sean más los ciudadanos de a pie que se vean obligados a escoger entre el hambre y vivir la vida en B.

www.guillermobusutil.com

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