Siete días

Del ditirambo a la defenestración

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Luis M. Alonso Por el hilo se llega al ovillo. A propósito de unas memorias de José María Aznar (Planeta, 2012) en las que el expresidente del Gobierno asegura que Alejo Vidal-Quadras «dejó» la dirección del Partido Popular en Cataluña cuando era un líder indiscutible, Arcadi Espada reclamó del eurodiputado su versión de los hechos para contrastarla con la del hombre que ahora niega haberle sacrificado por petición de Pujol.

El periodista, tras una respuesta en la que autor del libro negaba la defenestración del eurodiputado catalán martillo de nacionalistas, quiso confirmar si en vez de «dejarlo voluntariamente» operaron otros mecanismos. Dejarlo no significa que a uno le obliguen a ceder. Vidal-Quadras, según el propio Espada, le hizo llegar unas notas en tercera persona en las que efectivamente confirmaba que accedió a quitarse de en medio después de que la cúpula del Partido Popular, que negociaba acuerdos con el presidente de la Generalitat, lo pusiera entre la espada y la pared. Incluso se refiere a la cúpula por sus nombres: Aznar, Rato, Arenas, Rajoy...

Y ¿Álvarez-Cascos? ¿Acaso el secretario general no jugó un papel protagonista en la defenestración de Alejo Vidal-Quadras? Por supuesto que sí. El propio exlíder del PP catalán lo contó con motivo del nacimiento de Foro Asturias. Antes incluso de gestarse este partido, cuando el político gijonés reprochaba a Rajoy que hubiese prescindido de él en la lista del Principado. En unas declaraciones a Europa Press, explicó que lo que Cascos predicaba en cuanto a democracia interna no era lo que él practicaba desde el puesto de general secretario. Se le oyó decir que estaba probando su propia medicina. Recordó Vidal-Quadras que a él le había obligado a dimitir tras haber conseguido 17 escaños en el Parlament, el mejor resultado cosechado por el PP hasta aquel momento en Cataluña. «Ejerció de brazo ejecutor. De manera muy enérgica impidió que me siguiera presentando».

Por si hubiera alguna duda, el eurodiputado lo dejó escrito el 4 de enero de 2011 en su blog «Prohibido pisar las flores». Lean a AVQ, tomando distancia como narrador en aquel post: «En primer lugar, resulta poco creíble que alguien que jamás practicó la democracia interna cuando era secretario general del PP, la reclame ahora airadamente. Recuerdo perfectamente que tras el magnífico resultado obtenido por el PP de Cataluña en el otoño de 1995 con triplicación de escaños y un porcentaje de votos en unas elecciones autonómicas todavía no alcanzado hoy, Cascos sacó en hombros en plan torero al entonces presidente del PP catalán del hotel en que se celebraba el éxito. El verano siguiente, el mismo que había ensalzado hasta el ditirambo al triunfador, actuaba como brazo ejecutor de su apartamiento de la política catalana en virtud de los acuerdos alcanzados entre Aznar y Pujol».

Claro, clarísimo. Cristalino. Francisco Álvarez-Cascos podrá aceptarlo o negarlo como José María Aznar, que responde a la pregunta de Espada diciendo que bastaría con conocerle para saber que él hubiera sido incapaz de «sacrificar» al líder del partido en Cataluña en aras de un acuerdo con Jordi Pujol. El catalán, sólo en la intimidad, ya saben.

Cascos conocía entonces lo que costaba cerrar acuerdos con los nacionalistas. Con el PNV se entendía a la perfección y era recibido en la sede Sabin Etxea, en el barrio de Abando, como el hombre fiable. Y con los catalanes de CiU actuó, según Vidal-Quadras, de brazo ejecutor de Aznar. No tiene nadie por qué sorprenderse, ya que su máxima de entonces, como recordó el líder sacrificado, se traducía en que un partido era como una orquesta en la que todos deben tocar la misma partitura bajo la batuta del director y los que no están de acuerdo, marcharse. Después intentó hacer volar su teoría por los aires, pero esa ya es otra historia.

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