Málaga de un vistazo

Fue un 4 de diciembre

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F. J. Cristófol Dice quien lo vivió que aquello fue una manifestación de verdad, no lo de ahora. Que en aquella movilización no se miraban derechas ni izquierdas, solo estaban los colores verde y blanco, los de la bandera. Más de dos millones de andaluces se echaron a gritar por una comunidad autónoma, por una identidad que un año más tarde la Constitución Española le otorgó, aunque no le hiciese falta.

Hablar de Andalucía es, habitualmente, hablar de jolgorio, gracietas, arte, flamenco, fiestas, humor, religiosidad? bla, bla, bla. Esa es la identidad que rebosamos de Despeñaperros p´arriba. Lamentablemente, claro. Hablar de Andalucía es hablar del 28 de febrero, de las celebraciones en los colegios a base de mollete y chorreón de aceite. Andalucía es campo, es tradición. Demasiadas cosas como para explicarlo. Pero Andalucía, además de un 28 de febrero es un 4 de diciembre. El día en el que murió Manuel José García Caparrós. Un tipo que pasará a la historia por haber encontrado una bala en su camino mientras gritaba por su tierra.

Treinta y cinco años han hecho falta para que aquel mártir del andalucismo sea reconocido por la Junta de la autonomía que él reclamaba como hijo predilecto de la tierra. Llamémosle mártir, sí, porque la historia lo ha ensalzado como tal, y las leyendas las crea el pueblo. Caparrós es leyenda por la obra y gracia del pueblo andaluz, que en sus fiestas le ha cantado así. Porque Caparrós no quedará como un malagueño, sino como un andaluz.

Hay mucho hijo de la tierra que confunde griñanes y arenas con la identidad real de la comunidad. No hay más que darse una vuelta y mirar Andalucía desde arriba para darse cuenta de que esa gente no representa a la realidad. No podemos dejar que esa capa de suciedad no deje ver lo que hay debajo.

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