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Primera línea de playa

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Jorge Baro Regularmente la prensa nos salpica de noticias relacionadas con el cambio climático: aumento de las temperaturas medias, acidificación de los océanos, la elevación del nivel del mar o el deshielo en los polos, efecto íntimamente relacionado con el anterior. Este último riesgo, se ha intensificado en las últimas décadas, así el casquete polar del ártico, que lleva años derritiéndose, alcanzó el pasado verano su nivel más bajo, habiendo pasado de siete millones de kilómetros cuadrados en la década de los ochenta, a menos de cuatro millones en la actualidad.

No todas las consecuencias se pueden interpretar de manera negativa, siempre que uno considere que algunos efectos a priori beneficiosos podrían compensar los riesgos que suponen las repercusiones de signo negativo. Así, parece que el deshielo en el Ártico podría favorecer otras actividades, en la mayoría de los casos bastante lucrativas, como la explotación de distintos tipos de recursos, renovables y no renovables, o la apertura de nuevas rutas marítimas, como ocurre desde 2007 en el Paso del Noroeste, que abaratan los costes de transporte.

Sin embargo, como suele ocurrir el beneficio sería para unos pocos, y a corto plazo, mientras que los perjuicios lo serían para todos y perdurarían en el tiempo. El aumento del nivel del mar podría traer consecuencias muy graves y el deshielo de los polos es una parte importante de ese incremento. Tan sólo en la Antártida Oriental se ha observado incrementos en la capa de hielo, pero las pérdidas que ocurren en la Antártida Occidental, en la Península Antártica y en Groenlandia, no son capaces de compensar esas ganancias. Además el fenómeno no tiene visos de de cambiar de tendencia y parece acelerarse en las últimas décadas, así en Groenlandia se pierde en la actualidad cinco veces más hielo del que se perdía en 1992. Según un reciente estudio, el efecto conjunto del hielo derretido en ambos polos ha incrementado en 11 mm el nivel del mar en tan sólo las últimas dos décadas y ha sido responsable de una quinta parte de la subida del nivel del mar, a escala global, desde 1992.

A pesar de que estos valores puedan parecer pequeños, los efectos pueden ser enormes y tener consecuencias de todo tipo, incluyendo por supuesto las económicas, ya que las subidas incrementan enormemente el riesgo de inundaciones en las costas más vulnerables, incluyendo la sumersión permanente de algunas zonas más expuestas. En nuestro entorno más cercano la probabilidad de desaparición de algunas playas aumentaría muy significativamente, con un impacto negativo enorme en uno de nuestros pilares económicos como es el turismo, así como un riesgo evidente para las construcciones más cercanas a la línea de costa.

Tratar de predecir que puede ocurrir en el futuro no es fácil, ya que nos movemos en el terreno de las probabilidades que nos ofrecen los modelos empleados que dependen de muchos factores. Es muy probable que el nivel de los océanos siga aumentando, pero es imposible predecir a qué velocidad con exactitud. Por lo tanto se barajan distintos escenarios, unos más favorables y otros más perjudiciales, según se comporten los factores que los definen. Algunas previsiones pueden ser apocalípticas, aunque relativamente improbables en el futuro más inmediato. Por ejemplo, si el manto de hielo de Groenlandia se derritiera por completo, los niveles del mar se elevarían en siete metros con efectos devastadores en los hábitats costeros de todo el mundo y suficiente para sumergir las ciudades de Londres y Los Ángeles.

Recientemente el Gobierno andaluz ha dado luz verde a un decreto ley con medidas para ampliar la protección urbanística en el litoral y cuya finalidad es la de preservar de la presión urbanística los primeros 500 metros de costa, medida que no ha estado exenta de críticas por parte de algunos sectores. A mí, la verdad, es que viendo el panorama climático y algunas de las peores previsiones, me da por pensar que comprarse una vivienda en primera línea de playa, como tantas veces se publicita, no parece la mejor inversión de futuro, a no ser que, al menos, esos 500 metros a la línea de costa sean en vertical.

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