Siete días

Emprendedores culturales, aquello del 2016 y el talento

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Javier Noriega Ante el talento, innovación y creatividad de los jóvenes emprendedores no queda otra cosa más que quitarse el sombrero de un lado y de otro, ante esa ilusión desbordante que despierta su proyecto profesional. Esa admiración se torna en frustración al no comprender como no se facilitan mejores oportunidades a lo que está llamado a ser nuestro futuro más esperanzador, la juventud y los emprendedores. En esta ocasión levantaban la voz, eso sí de forma encantadora y respetuosa, pero firme y convencida con las tintas de su proyecto vital, los empresarios del ámbito de la cultura. Sería interesante que algún día los responsables de las administraciones viesen de cerca sus rostros, ilusionados, entregados, apasionados (que no sólo Jobs, sino los indicadores de las agencias económicas nos dejan bien claro que son las empresas que más perduran en el tiempo y por tanto las que más crean riqueza y empleo, las que están apasionadas por su trabajo y lo demuestran con hechos en sus territorios durante años y no los «especuladores-iluminados con gemas y criptonitas de otras galaxias» su entrega a su proyecto, a su empresa) para ver la importancia que tienen cada uno de ellos.

Pues resulta que el denominador común de este sector reclama medidas que generen oportunidades, y no se trata de reclamar subvenciones a troche y moche, –como muchos creen– sino medidas de estímulo y sobre todo lo que comentaban debatiendo los responsables de Agapea, Euromedia, Artistmeeting, Nerea arqueología, Galería Benedito, Diez negritos, el diario Sur o la propia Opinión de Málaga, es decir, de las artes escénicas, patrimonio, artistas musicales, editoriales, galerías de arte y de los redactores de cultura de los periódicos que tan bien se conocen el pulso diario de la calle. «Que no nos pongan las administraciones los palos en las ruedas» a vuestro día a día y que os permitan crecer como os mereceis. Y es que son en Málaga, según los datos que maneja Hacienda (que para esto no se equivoca), 806 empresas registradas en el CNAE que diariamente generan riqueza y empleo, a pesar de la que está cayendo. Somos en Málaga, como en otras cuestiones económicas, locomotora de generar ideas, proyectos y realidades empresariales. También, cómo no, en el ámbito de la cultura.

Pero resulta que estas empresas, llenas de talento que en muchos casos ocupan espacios y mercados internacionales que no los ocupan en esta Málaga, (entre otras cosas con edificios vacíos que podrían estar llenos de vida cultural), parecen estar empeñados en acabar con ellas o ponérselo muy difícil (con la importancia que tienen) en materias que duelen tanto para poder seguir adelante como es el «subidón» del IVA, la excesiva burocracia y una contratación de las empresas en las que aquello de la transparencia, publicidad y claridad (rotación los llaman otros), propia de la ley de contrataciones del sector público, en ocasiones suena a chino mandarino por lo imbrincado y lejanas en las que se encuentran. Y es que no solo la creación de más empresas, sino el desarrollo de las mismas es vital.

Entre otras cosas porque crea tejido, clase media y democratiza nuestra sociedad, genera confianza y, sobre todo, expectativas en unos tiempos tan necesitados de ellas. Y para ellos en Málaga es fundamental que nos demos cuenta de que aquello del 2016 no sólo fue un brindis al sol con la mejor de las intenciones, sino que debemos seguir apostando por la Cultura, que no es sólo es luz de un día. Que hay que apostar por los que realmente saben y lo demuestran diariamente en el mercado, con galardones y meritocracia en algunos casos, también con el sudor de su frente y la inversión de su capital privado. Ese tejido productivo que es el que produce y producirá así pasen cien años, y al que hay que tener en cuenta directamente cuando se realizan inversiones estratégicas en donde nos gastamos millones de euros de todos los contribuyentes.

Tenerlos en cuenta para su promoción, para su imagen como ciudad de la cultura (con Sohos y similares), para su marketing, para sus capitales semillas e incubadoras (en donde por cierto se bate el cobre magistralmente Jon Plaza en proyecto lunar y la excelente incubadora de Promálaga Cultural en la Virreina), tener en cuenta que su talento vende Málaga allá por donde van (como le ocurre a mi buen amigo Dani Rovira, que aún recuerdo sus inicios ilusionados en la tetería El Harén como cuenta cuentos, y mírale tú que ahora llena teatros en Oviedo o en Barcelona, Chiclana o Port Aventura). Son siempre las personas lo que cuenta. No podemos olvidarlo. Hablen con ellos y ellas. Y por lo general detrás de cada proyecto y cada empresa hay como poco una familia. Es fundamental que entre todos sumemos. Hagamos Málaga, hagamos Cultura. Ellos y ellas «están apasionados», «están hambrientos como diría Jobs». Son un magnífico futuro. Los 806 de la Industria Creativa. En las Termópilas eran 300 Espartanos.

[Javier Noriega es presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) de Málaga]

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