El palique dominical

Alarma en el PP

 05:00  

José María de Loma No se han encendido más alarmas en el PP porque no las hay. Se han fundido todas. El Partido Popular perdería las elecciones andaluzas si se celebraran ahora dado que su porcentaje de apoyo entre el electorado se sitúa en el 30,7 por ciento frente al 39,2 del PSOE. Son datos del barómetro de opinión pública de Andalucía 2012 que presentó el viernes en Sevilla el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA). El sondeo indica que los populares han perdido más de nueve puntos de apoyo y los socialistas ni se han despeinado. Además, el barómetro recoge que los socios de gobierno del PSOE, Izquierda Unida, alcanza un 16,1 por ciento de votos, casi cinco puntos porcenturales más que cuando se celebraron las elecciones.

¿Donde van los votos del PP? A UPyD, que lograría por primera vez representación. Al apartado de otros y a la abstención. A su vez, de los abstencionistas del PSOE se beneficia IU. A poco que se siga el guión (PSOE-IU) enarbolando un neo andalucismo guerrillero y un Gobierno central haciendo recortes, aunque también los hace la Junta...) no parece que los populares vayan a levantar cabeza. A eso se une que carecen de un referente fuerte, de un liderazgo sólido. Arenas se fue y tal vez Juan Ignacio Zoido, su sustituto y a la vez alcalde de Sevilla, no dé imagen de ser un hombre preocupado por el conjunto de Andalucía. Las elecciones fueron hace poco, el PP tiene tiempo de enderezar las cosas, comentan al cronista. Claro que por eso mismo, colige uno, es más alarmante la caída. Brutal para tan poco tiempo. A estas alturas es fácil diagnosticar que al Partido Popular se le pusieron las cosas, dicho vulgarmente, a huevo en los pasados comicios. Todo se conjuró a su favor. Y ganaron. Pero no pudieron gobernar. Y se percibe como que aquello fue el «ahora o nunca». Con el resultado de «nunca». Lo nocivo de esta encuesta es que pudiera tener efectos de autocomplacencia para el principal partido gobernante, el PSOE. Que se relajaran y no corrigieran las muchas políticas cortijeras que han puesto en marcha estas décadas. Y que interpretaran mal los datos. El hecho es que no bajan pero tampoco suben. Esto, coyunturalmente, refuerza también al PSOE andaluz en el contexto del socialismo nacional. Refuerza a Griñán. Y pone en una tesitura dificilísima a los dirigentes populares en la región y en sus provincias. Les va a ser difícil defender la política basada en la austeridad y el perjuicio a los más débiles. La excusa de la herencia va sonando a rayada, débil y mezquina. Andalucía es el laboratorio de la izquierda nacional, su bastión. Aquí también se deterioran los servicios sociales y se desmorona la clase media; se extorsiona al que ha de coger una ambulancia y se retiran becas. Se amputa sueldo al policía, al médico y al juez y se ponen trabas al empresario. En todos sitios es lo mismo pero no en todos se percibe igual. Ni se identifica como culpable al mismo. Y está el recelo de muchos andaluces emanado de la actitud del nacionalismo catalán y de otras procedencias. La reacción es apoyar a quien perciben defensores de esta tierra. El PP andaluz también lo es, pero no es tan percibido así. O sí lo era, pero está retrocediendo en aprecio ciudadano. La Junta no está gobernada por intelectuales –salvo Griñán– ni premios Nobel precisamente. Ni el PSOE dirigido por gente brillante. Pero saben hacer política, usar el presupuesto y moverse por los vericuetos del sistema. Le da a uno que hoy es día de resaca para más de uno de ellos.

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