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Tierra de nadie

Ser hablados

 05:00  

Juan José Millás Las acciones de Smith & Wesson, uno de los mayores fabricantes de armas para uso doméstico, se desplomaron tras la matanza de Connecticut. Entendemos por armas de uso doméstico las que sirven para matarse en familia, del tipo de las usadas por Adam Lanza el día de autos. La reacción de Wall Street resulta conmovedora durante los diez primeros minutos después de conocerla. Consuela que las finanzas, como las banderas, se pongan a media asta durante unos días. La conmoción dura tan poco porque enseguida adviertes de que se trata de un efecto óptico. Las acciones no bajaron en señal de luto existencial, sino en señal de pánico económico. Si por fin, y debido a esta masacre, se regulara la venta de armas, el negocio podría venirse abajo o sufrir descensos considerables. Mal asunto para quien había confiado sus ahorros al crecimiento de esta industria que en los últimos años había hecho rico a sus accionistas.

De todos modos, no obtengamos conclusiones rápidas. Es posible que la venta masiva de títulos se deba a la típica recogida de beneficios y que en un par de días, vuelvan a subir. En estos momentos, debe de haber en alguna parte de los EEUU un joven planificando, quizá con la complicidad inconsciente de su madre, incluso de sus vecinos, una acción que supere la de Connecticut. El espíritu competitivo crece. La industria del automóvil produce más víctimas que la de las armas de uso doméstico, pero es uno de los puntales de la economía mundial. Todo depende de donde coloques la cámara para observar los hechos.

Hace unos días, en Siria, una mina se llevó por delante a diez críos y ningún gobierno ha pensado en abandonar la fabricación y el tráfico de estos artefactos. Tampoco hemos visto sus cuerpos mutilados.
El emplazamiento de cámara, esa es la cuestión. Las cámaras de la tele se han convertido en cierto modo en nuestros ojos. Vemos lo que ellas quieran que veamos, lo que significa que nos conmovemos por lo que a ellas les da la gana que nos conmovamos. Es posible que ni siquiera sus portadores sean responsables de lo que sacan. Cuando ocurre un suceso como el de Connecticut son las propias cámaras las que dan las órdenes.

–Saca a ese niño herido, a esa madre llorosa, a ese gato tuerto.
Se trata de otro modo, uno más, de ser hablados.

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