Análisis

Las rotativas del futuro: perspectivas del sector

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Luis M. Alonso Tendrá el periodismo de siempre su rotativa de futuro en internet? Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos de la Universidad de Oxford, editorialista y analista político, corregía la pasada semana la expresión «vacío ético» para asegurar que en internet la ausencia de una regulación no es mayor que en el papel. «Tal vez sea más fácil publicar basura tóxica en la red, pero también hay muchas oportunidades nuevas de hacer gran periodismo en ella. El verdadero problema que plantea internet al periodismo no es ético sino de dinero. ¿Cómo ganar la cantidad necesaria para sostener una información y un análisis de calidad, sobre todo en el caso de las informaciones de otros países, cuando el comentario es libre pero los hechos son caros?, se preguntaba.

Probablemente, el verdadero problema de los editores sea la búsqueda infructuosa del negocio de las noticias en la red. Hasta ahora no han hecho más que romperse la cabeza inútilmente buscando una viabilidad que de momento no se encuentra, en algunos casos arruinándose, en otros, descuidando los contenidos del papel para poder atender la propuesta del futuro, quizás desentendiéndose demasiado rápido del presente.

Garton Ash tiene razones más que sobradas para sospechar que el problema radica en el dinero: sus lúcidos análisis sobre la transformación de Europa en el último cuarto del pasado siglo no habrían visto la luz sin el soporte del papel, periódicos, revistas y libros. Las granjas de contenidos de internet jamás se los habrían comprado porque no se trata de una información precisamente barata o de una reflexión convertible a la glotonería consumista internauta.

Los hechos, si se trata de contarlos como es debido, resultan caros. Pongamos un ejemplo: en el polo opuesto de lo que cuesta mantener un periodista o un escritor en el lugar donde se producen las noticias se encuentra Demand Media, una plataforma de 10.000 redactores o camerógrafos por cuenta propia que suministran artículos y vídeos. Funciona de la siguiente manera: el internauta sólo tiene que registrarse en el sitio web y esperar a que se publique mediante solicitud lo que quiere ver o leer. El ritmo de producción, por encima del millón de artículos anuales, de bajo coste, no permite abrigar esperanzas de que la información tenga demasiada calidad, sin embargo es lo que se consume.

Internet, la red de redes, ofrece nuevas oportunidades de hacer periodismo pero también un marco de gratuidad generalizada que condiciona la forma y genera una demanda poco exigente con la información de calidad. Al contrario, está basado fundamentalmente en la opinión, el rumor, las noticias a la carta y el «vacío ético» a que se refería Garton Ash aludiendo con ello al juez Brian Leveson y a su batalla por sanear o amordazar a la vieja prensa británica, tomando como excusa los malos hábitos de los sensacionalistas.

A falta de una ética, esos malos hábitos son la norma en internet. Talese ha dicho que nos comunicamos demasiado. El tantán es tan ensordecedor que hemos acabado perdiendo la distancia con los hechos, hasta tal punto que una de las tareas más complicadas para las viejas redacciones es la de expurgar.

De aquí a que los editores de prensa encuentren la rotativa del futuro cabe preguntarse si el espacio de internet no está verdaderamente demasiado alienado para intentar repetir en la red las grandes aventuras periodísticas del papel. ¿Realmente hay lectores para ello? ¿No se ha creado una demanda excesivamente barata de la información? Si su futuro está en internet, la prensa no será seguramente como la hemos conocido. ¿Alguien se imagina a los grandes reporteros y corresponsales recorriendo el mundo para ofrecer con un margen de rentabilidad económica sus historias en plataformas que atienden la demanda de vídeos y noticias curiosas a la carta de cualquier freelance?

El único periodismo que existe en internet es el que vuelcan las redacciones, pero los llamados actores de la comunicación se han multiplicado de tal manera que la sociedad se hace la pregunta de qué es ser hoy periodista. La alfabetización, en este caso analfabetización, de internet ha conseguido, por otro lado, forjar unas generaciones de lectores que probablemente no necesiten a los periódicos y a las televisiones para rumiar lo que entienden por actualidad.

La mejor forma de garantizar el futuro del periodismo de calidad es haciéndolo día a día en espera de que las tendencias del comportamiento social y del negocio terminen aclarando qué rotativa nos espera. De momento, disponemos de la maquinaria de siempre que algunos se han empeñado en parar. Una rotativa sólo se detiene en circunstancias extraordinarias para incluir una noticia.

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