La mirilla

Parecidos

04.06.2013 | 05:00

Los diarios han publicado hace días que una parte de los estadounidenses anda alborotada porque la cadena comercial JC Penny ha puesto a la venta una tetera que se parece a Hitler. Eso no quiere decir que el aparato entone el Die Fahne hoch, el himno del partido nacionalsocialista, cuando el agua hierve, ni que escriba mamotretos encendidos, ni que propugne la solución final. El parecido se limita a lo que podríamos llamar –forzando mucho los términos– la imagen gracias a que el asa y el tapón recuerdan al flequillo con gomina y el bigote recortado del führer y la boquilla enhiesta podría pasar por el brazo en alto.

Como cada cual tiene todo el derecho del mundo a enfadarse con lo que le antoje, poco cabe echar en cara a los californianos que han enviado mensajes a la cadena Penny renegando de la tetera y proclamando en tono muy exaltado que no la comprarán. Creo que se equivocan. Si la sartén es una metáfora excelente para las peores maldiciones –te he de ver colgado del ojo y con las tripas requemadas– esa misma fórmula serviría para ponerle el culo al rojo al cabo austriaco devenido en comandante supremo de todos los ejércitos al tiempo que se le obliga a silbar. Pero tal vez la reflexión más pertinente sea la de los muchos recovecos que da la mente humana a la hora de dirigir sus indignaciones. Con la que está cayendo, ponerse a mirar el parecido de los electrodomésticos puede ser una buena forma de pasar el tiempo y, a la vez, encauzar el ingenio. Por ejemplo, ¿con qué mueble, enser culinario, artilugio o abalorio llegaría usted a confundir una autoridad? Pongamos los miembros del Consejo de Ministros y, entre ellos, quien maneja como puede la cartera de Economía. ¿A qué se parece el señor De Guindos con su despejado baúl de las ideas? ¿Al rodillo de amasar con el que esperaban en tiempos las señoras de los tebeos a sus maridos trasnochadores? ¿A la hucha del cerdito? ¿O ésa le cuadraría más a la vicepresidenta?

Venga a buscar semejanzas, cabe adentrarse por el camino del parecido físico o bien buscar imágenes mucho más cercanas al carácter y la intención. Incluso en clave opuesta porque, por ejemplo, ¿cabe imaginar algo más alejado del presidente del Gobierno que una moto de cross? Todos los portavoces parlamentarios se parecen a un ventilador en marcha, en especial en las réplicas, y la encargada de destruir el empleo –que otra actividad no se le conoce– se asemeja bastante a un regalo de bodas al que aún no hemos encontrado ni el sentido ni la gracia ni la función.

Los compositores clásicos de la época impresionista se esmeraban mucho para lograr que la sinfonía recordase un paisaje, una estación del año o un meteoro. Nosotros hemos reducido esa traslación a la del parecido burdo. Con el resultado más tremendo de todos: el de constatar que resultan mucho más preferibles la moto, el ventilador y la tetera que sus encarnaciones humanas.

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