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La mirilla

Piezas separadas

10.06.2013 | 05:00

La ansiedad consiste en tener la cabeza un metro más allá del cuerpo. Ahora, por ejemplo, estoy mentalmente en el segundo párrafo de este texto, cuando apenas he comenzado el primero. Eso es ansiedad. La ansiedad no le va mal a la escritura si el ansioso logra transmitir al lector el estado de agitación en el que se encuentra. La prosa inquieta llama la atención, como el niño hiperactivo. Hay prosas con déficit de atención, prosas que pierden aire por aquí o por allá, porque no paran de moverse, pero que provocan fascinación pese a no decir nada. Su contraria es la prosa sedada, que se desliza con la lentitud de una babosa sobre el folio. A veces tampoco dice nada.

Ya estamos en el segundo párrafo, pero el estado de ansiedad no cesa, de modo que, mentalmente, me encuentro en el tercero. Como quien piensa en el postre mientras adereza la ensalada. Pero la cuestión era decir o no decir. El problema es que ya no sabemos en qué consiste decir. Por ejemplo, cuando Carlos Floriano asegura que el primer afectado por el caso Gürtel es el PP, ¿viene a ser como si Al Capone hubiera dicho que el primer afectado por el caso Al Capone era Al Capone? Eso el al menos lo que parece si se le escucha atentamente. Somos los primeros afectados por el caso Gürtel porque somos el caso Gürtel. Suena a una de esas afirmaciones paradójicas de Groucho Marx, que tanta luz, sin embargo, arrojaban sobre la existencia de los hombres.

Alcanzado en un estado de ansiedad insoportable el párrafo tercero, y sin dejar de teclear de manera mecánica sobre el portátil, me da por pensar en la expresión «pieza separada», sobre la que voy a escribir mi siguiente artículo. La escuchamos todos los días a propósito de los numerosos sumarios judiciales en curso. Este sumario es una pieza separada de este otro. ¿Y por qué, se pregunta uno, las separan? ¿Se trata quizá de desmontar el puzle para volver a hacerlo? Parece que no, parece que la separación es como arrancarle un brazo a un boxeador. Lo lógico sería dejar el brazo en su sitio, a menos que el boxeador sea hiperactivo y se lo arranque él mismo para pegar con él al adversario. Pero creo que este era el asunto que pensaba abordar en el siguiente artículo.

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