Libre directto

Obsolescencia programada

12.06.2013 | 05:00

Según los apocalípticos, este ejemplar de periódico nació caducado, porque trae las noticias de ayer y otros medios ya cuentan las de hoy, aunque estos últimos se van a pasar la mañana y parte de la tarde dando vueltas al contenido del papel impreso. Pero lo cierto es que el periódico diario fue uno de los primeros productos industriales en incorporar la obsolescencia programada.

En los últimos años se habla bastante de dicho fenómeno, consistente en fabricar artículos de consumo de forma que se estropeen al cabo de un tiempo establecido, normalmente poco después de vencer la garantía. Se atribuye tal práctica a una estrategia perversa de las grandes compañías para aumentar sus ventas. Si un producto dura para siempre, cuando todos lo posean se acabó el negocio.

Una película inglesa de 1951 protagonizada por sir Alec Guinness, El hombre del traje blanco, lleva el caso al extremo. El argumento imagina a un joven científico que crea una tela indestructible. No se gasta, no se rompe, no se ensucia. Tanto los dueños como los obreros de las fábricas se emplean a fondo para destruir el invento. No se les ocurre que cuando todos tengan un traje blanco indestructible querrán tener otro gris e incluso uno azul, con lo que la industria podrá seguir trabajando.

El periódico, decíamos, nació como un caso claro de obsolescencia programada, porque cada edición convierte a la anterior en obsoleta. El diario del martes transforma la del lunes en carne de contenedor, porque ahora los bocadillos se envuelven en papel de aluminio. Pero no tiene porqué ser así. Si nos fijamos, vemos que la fecha y algunos de los contenidos pasan, pero otros son dignos que quedar. Hay quien recorta y guarda, y al cabo del tiempo vuelve al artículo, al informe, al reportaje que todavía aportan luz para entender el mundo.

Las nuevas tecnologías han provocado un fenómeno curioso: de tiempo en tiempo, en la lista de «más leído» de las ediciones digitales aparecen temas fechados tiempo atrás, incluso dos o tres años antes. Por la razón que sea, alguien los saca del pozo, los pone en circulación y todo el mundo los lee porque suenan como rabiosa actualidad. Puede ser el sobresueldo de un político, la estafa de un banquero, la intervención de nuestras comunicaciones por una agencia de espionaje. Es chocante como el periódico de hace un año nos dice tanto de los que sucede ahora.

El humorista Scott Adams hace inventar a su personaje Dogbert (un perro cínico) el periódico que vale para siempre. Una sola edición y ya no habrá que comprar más. Habla de enfrentamientos en Oriente Medio, llamamientos del Papa a la paz en el mundo y discusiones parlamentarias sobre el déficit presupuestario. Sumergirse en las hemerotecas nos advierte del cuánto hay de espejismo en el frenesí del breaking news, de la última hora. Y de que, como dijo el poeta, «todo pasa y todo queda». Basta con fijarse.

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