En solo 725 palabras...

Los besos turísticos

19.06.2013 | 05:00

El beso es, quizá, de todas las expresiones de la comunicación no verbal, la más sublime –junto con el abrazo–, tanto es así, que hasta nos trasciende a nosotros, la raza superior (?). El beso está presente en las conductas sociales de mundos injustamente llamados inferiores demasiadas veces, cuyos individuos –animales como nosotros, aunque muchas veces menos salvajes–, lo practican y, como nosotros, lo hacen parte esencial de sus y ritos sociales y de sus experiencias íntimas.

Salvando algunas actuaciones puntuales de los Judas Iscariote de turno, el beso nos acerca, a nosotros y entre nosotros. Sea dulce, solemne, sensual, cariñoso, amoroso, enamorado, amigable, compasivo, tierno, respetuoso, solidario, provocador, insinuante€, el beso llega para sublimarnos. Todos los besos, si no los damos o tomamos en automático, es decir, ausentes de nosotros mismos, son una irrepetible experiencia cada vez, en la que la emoción está garantizada. El que inventó el beso incluyó la experiencia y la emoción en su equipamiento de serie... Cada beso, dado o tomado desde nuestro nivel consciente, es una experiencia evocadora que nunca defrauda ni frustra, sino que fija y potencia. ¿Quién no guarda en alguna parte de su memoria emotiva algún beso tan especial como imborrable e insustituible? ¿O alguno fugaz e inconcluso, que, porque quedo en mitad de ningún sitio, sigue ahí, alerta, donde se quedó, dispuesto a seguir su camino, como si el tiempo no hubiera pasado? ¿Quién no es dueño de algún beso que fue, más que corto, cortísimo, cuya sensación y experiencia hoy aún perdura en nosotros? ¿O de alguno largo, larguísimo, que nos despertó alguna parte dormida, que ahí está, despierta, ojo avizor desde entonces? Los besos son herramientas infalibles que nos acercan a nosotros mismos, y nos descubren€ Malo para aquellos que no quieren verse, porque nunca aprenderán a besar ni a ser besados... Qué perverso es el miedo. En fin, no nos salgamos del asunto de hoy€

¿No serán los besos parte de esos elementos diferenciadores del producto que los turísticos llevamos toda la vida buscando? Está claro: no hay dos besos iguales. Aunque varios besos activen la misma emoción, ninguno de ellos es igual al otro, ni repetible respecto de sí mismo. Los besos no son ni copiables, ni imitables, ni repetibles€ Los besos son simple y radicalmente experimentables y emocionantes y, en función de la emoción y la experiencia, cada beso es la innovación de sí mismo. ¿Qué elemento diferenciador da más que un beso€? No estaría nada mal salpimentar los recursos heredados y fabricados de Andalucía con activos intangibles como los besos. Si señor, no estaría nada mal€ ¿Por qué será entonces que los turísticos no vendemos el activo inimitable de nuestros besos andaluces€?

En el caso de la Costa del Sol, mira que si fuera porque en una actividad tan absorbente y frenética como la nuestra, el ajetreo mantenido hasta llegar a conseguir tener más capacidad alojativa de la que es saludable para la pervivencia sostenible, nos ha impedido reparar en pequeñas minucias como los besos. Visto así, ¡qué tontería los besos, ¿verdad€?!

Mañana –que será cuando estas setecientas veinticinco palabras que ahora escribo sean leíbles–, gentes de buena voluntad y mejores intenciones nos reuniremos para participar en una bienintencionada jornada de opinión y debate, dedicada a los diferentes planes elaborados por el equipo de la Consejería de Turismo y Comercio de la Junta de Andalucía. Mañana, otra vez será el mejor día para prestarle atención a nuestra capacidad de emocionar, que es el más poderosos de todos nuestros activos intangibles. Mañana no será un mal día para entender el beso como el ejemplo figurado del paradigma esencial en el que basar el ejercicio profesional de todos los destinos turísticos de Andalucía. Llevamos demasiado tiempo atados a rutinas de probada bondad en el pasado, que ahora, como estrategias de competitividad, se muestran débiles. El trinomio costos-diversificación-focalización, todo un clásico, ha de ceder su espacio a estrategias basadas en los recursos y las capacidades. Es tiempo de poner en valor nuestros besos, los figurados y los no figurados.

Idealizar planes es tan hermoso como inútil, si los mismos no se estructuran por etapas realizables y por plazos cumplibles que respondan al principio de «lo qué es posible», y no al de «lo que nos gustaría que fuera». Yo estoy francamente ilusionado con la etapa de mañana. Ya veremos€

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