Cartas al director

21.06.2013 | 05:00

Carta dirigida a los gobernantes, por Daniel Castillejo Pons

Últimamente veo un anuncio en los medios con un estupendo e inoxidable grifo del que mana dinero en forma de crédito. Sólo quería decirles que no quiero su dinero. No lo necesito. Pueden cerrar el grifo. Soy arquitecto, en paro desde hace más de dos años y con ganas de emprender y de reciclarme. Para poder hacerlo, me bastaría con que aprobaran, de una vez, el Real Decreto que regule el autoconsumo. De este modo, podría montar una empresa de pequeñas instalaciones fotovoltaicas para particulares. Me bastaría con que rebajaran las cuotas de autónomo, por lo menos los primeros meses de actividad, o que se pagaran en función de los ingresos, así podría hacer algunos trabajos que me salen de forma esporádica. Me bastaría con que, igual que hacen en su admirada Alemania, se fijaran unos honorarios mínimos para los arquitectos que nos permitieran desterrar las bajadas temerarias que se han convertido en habituales en el sector.

Todas son medidas de coste cero, que crearían empleo y generarían ingresos para el Estado, así que déjense de grifos, de pedir dinero a Europa y de encomendarse a la Virgen del Rocío y dedíquense a gobernar para mejorar la vida de sus ciudadanos, que es para lo que les pagan. Y muy bien, por cierto.

Charcutería nacional, por Luis Vinuesa Serrate

Tarde o temprano a todo puerco le llega su San Martín, y es que esta es la realidad pero ya no hablando de este animalito irracional, hablaré del racional: «el ser humano», porque a éste le llega más tarde que temprano debido al entramado que el poder contamina con sus tentáculos de codicia,y que los jueces tienen que desvelar hasta llegar al fondo del supuesto asunto corrupto. El bipartidismo y su alternativo poder desde que se instauró en España la democracia no iba a ser menos en el tema de la corrupción, y estamos viendo casi a diario los debates que se van sucediendo, haciéndonos que la opinión pública sintamos un desencanto casi crónico, al percibir que se compran voluntades a cambio de favores. Ahí se crea el culto al amiguismo, que se imparte a cambio de una correspondencia corporativa para perpetuarse en el poder y sus aledaños. Luego sucede lo que sucede, que todo se desborda y ya no puede ocultarse a la Justicia, que se ve forzada a no mirar hacia otro lado porque domina la evidencia, hasta que las cosas caen por su propio peso y luchan por eludir responsabilidades. Me ciño a lo que debiera ser y no es: transparencia total y honradez general, porque la avaricia rompe el saco, aunque hay quien piensa que la vida es corta y hay que sacarle el máximo provecho, venga de donde venga, y el que no lo hace debe ser tonto, como yo.

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