Deuda, pecado y redención

24.06.2013 | 05:00

David Graeber, antropólogo estadounidense, conocido militante anarquista, líder del movimiento «Occupy Wall Street» y profesor universitario en Yale, de donde fue despedido, en la London School of Economics y en el Goldsmiths College de la capital británica, ha escrito un libro titulado en español En deuda. Una historia alternativa de la economía (Ariel, 714 páginas). Se trata de una obra cuya lectura les resultaría muy saludable a nuestros soñolientos alumnos de las facultades de Economía y Derecho, a quienes les convendría esta estimulante ducha de lucidez y de humanidad.

Graeber no sólo cuestiona las bases antropológicas de la tesis de la mano invisible de Adam Smith como justificación de la desregulación de la economía, sino que describe la íntima conexión histórica entre dinero, mercado y poder público. Aunque el dinero probablemente resulte tan antiguo como el pensamiento humano, en los últimos cuatro mil años ha sido una criatura del Estado; como también lo son los mercados, que a su vez necesitan Estados. Fue en Mesopotamia donde se inventó la práctica de prestar dinero con intereses. Desde entonces, cuando se ha desencadenado un conflicto abierto entre clases sociales, ha tomado forma de peticiones de cancelación de deudas, que era tanto como exigir la liberación de los que estaban en servidumbre por ellas. Si hoy somos una «sociedad de deuda», ello es porque el legado de guerras, conquista y esclavitud nunca nos ha abandonado del todo. Ese legado, dice Graeber, aún está aquí, alojado en nuestras convicciones más íntimas del honor, la propiedad e incluso la libertad.

Lo curioso es, sin embargo, la sinonimia en todas las lenguas de las palabras «deuda», «pecado» y «culpa». Hasta hace poco el padrenuestro se refería al perdón por Dios de nuestras deudas, así como al perdón por nuestra parte de nuestros deudores. Pero Graeber sostiene que la intransigencia de la Iglesia con la usura ha sido más bien una rivalidad de códigos normativos, dado el potencial del dinero para convertirse en un imperativo moral por sí mismo, de incomparablemente mayor fuerza de convicción que la ética religiosa.

Graeber distingue con toda claridad entre economía de mercado y economía capitalista. Los capitalistas invariablemente acaban intentando aliarse con las autoridades políticas para limitar la libertad del mercado. Y no sólo eso: existe una profunda relación entre el capitalismo y el Apocalipsis, ya que el capitalismo entroniza al jugador como elemento esencial de su funcionamiento. La crisis actual lo evidencia una vez más: el crac de 2008 es una estafa, un sistema de Ponzi increíblemente sofisticado diseñado para derrumbarse con el pleno conocimiento por sus perpetradores de que podrían obligar a sus víctimas a rescatarlos. Cree el profesor Graeber que en una o dos generaciones el capitalismo ya no existirá. Pero en cualquier caso todo sistema que reduzca el mundo a números sólo puede sustentarse en las armas.

El libro concluye con una apelación a la eliminación redentora de todas las deudas. Una deuda es tan sólo la perversión de una promesa. Una promesa corrompida por la matemática y por la violencia.

Como se ve, pura adrenalina. Mas no sólo eso: al lado del aspecto panfletario, la obra de Graeber posee una enorme riqueza de datos y sugerencias de extraordinario interés (por ejemplo, sus consideraciones sobre la inmensa deuda pública norteamericana, que como jamás se pagará constituye un impuesto imperial que abona el resto del mundo, un caso de imperialismo mediante deuda). Se trata, por consiguiente, de una verdadera «summa» –bastante asistemática, eso sí– de antropología cultural de la deuda, que se lee con gusto por la cantidad de hallazgos sorprendentes que nos depara. La traducción de Joan Andreano Weyland, que llega hasta la exquisitez filológica, me parece sencillamente soberbia.

*Ramón Punset es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo

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