360 grados

¿Pone en peligro la democracia la Unión Monetaria?

27.06.2013 | 05:00

Estábamos acostumbrados a los ataques desde la derecha alemana, pero es ahora un sociólogo próximo a la socialdemocracia, Wolfgang Streeck, quien lanza en un nuevo libro (1) una carga de profundidad contra la Unión Monetaria, en la que ve sólo la realización de un proyecto neoliberal que privilegia la economía mientras asfixia la democracia.

El director del Instituto Max Planck de Investigaciones Sociales y profesor de sociología de la Universidad de Colonia ve en el euro sólo el fruto de la «euforia globalizadora» de los años noventa y lo tacha de «error político» porque no tuvo en cuenta la heterogeneidad económica, social y cultural de los países que integran esa zona monetaria.

Frente a John Maynard Keynes han terminado triunfando, según él, en el proceso de construcción europea las tesis del economista liberal austriaco Friedrich von Hayek, acérrimo enemigo del socialismo y tenaz opositor de su colega británico.

Califica, por ejemplo, el autor de sintomático que mientras se imponen desde Bruselas estrictos límites a la capacidad de endeudamiento de los Estados o a los déficits fiscales, no se haga lo mismo con el empleo ni se exija una tributación mínima a las grandes fortunas.

La contención de la deuda pública mediante la consolidación fiscal persigue como principal objetivo tranquilizar a los mercados financieros internacionales, que, en el nuevo mantra neoliberal, tienen prioridad absoluta sobre los ciudadanos, lo que constituye un escarnio de la democracia.

Para dar plena satisfacción a esos mercados, es decir a los grandes fondos que prestan a los Estados, se exige a estos últimos recortar cada vez más derechos y prestaciones de las llamadas clases pasivas y de los funcionarios.

En su libro, Streeck repasa la transformación sufrida por el capitalismo en el continente y describe la evolución desde el capitalismo social de la inmediata posguerra, cuando se trataba de salvar a las democracias europeas del comunismo, hasta el neoliberalismo desatado de nuestros días.

Y explica que si el Estado social surgido entonces está en crisis no se debe, como afirman los neoliberales, a que la masa de la población ha abusado de las arcas públicas sino más bien a que quienes más se han beneficiado de la economía capitalista, menos han contribuido a financiarlo con sus impuestos.

Si las finanzas estatales han incurrido en déficits estructurales es porque mientras aumentaba el trozo de la tarta que se llevaba una minoría, doblemente beneficiada por las bajadas de impuestos, se recortaban los salarios y las prestaciones sociales, y disminuían los ingresos del Estado.

En los años setenta pudo garantizarse un buen nivel de empleo mediante una inflación crónica, pero pronto se vio en ella una amenaza para los patrimonios y en la década siguiente se optó por endeudar al Estado para compensar de ese modo la bajada de impuestos.

A partir de los noventa se trató de atajar la crisis mediante privatizaciones y recortes en las prestaciones sociales mientras las familias, animadas por el sistema a seguir consumiendo alegremente, se endeudaban hasta el cuello.

La Unión Europea es vista por Streeck como una construcción supranacional con un fuerte déficit democrático y una proliferación excesiva de reglas vinculantes para sus miembros.

Streeck se muestra ante todo pesimista sobre las posibilidades que tienen de sobrevivir en esas circunstancias los países periféricos. Frente a las reformas continuas y dolorosas que se les exigen en aras del «totalitarismo del mercado», existe la alternativa de volver a las viejas monedas nacionales. Sólo así recuperarán esos países la autonomía de decisión de la que ahora carecen: podrán devaluar, según les convenga, y de esa forma competir, exportar y volver a crecer.

La situación actual sólo beneficia, dice, a los países industriales del Norte, como Alemania, y a las clases adineradas del Sur, que pueden adquirir a precios estables los productos de lujo que fabrican aquéllos mientras a su alrededor trabajadores y pensionistas ven disminuir progresivamente su nivel de vida.

Un libro, el del sociólogo alemán que, con sus tesis provocadoras, debería suscitar un interesante debate en el seno de la izquierda europea.

(1) Tiempo comprado: la crisis aplazada del capitalismo democrático. En alemán. Editorial Suhrkamp.

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