Siete días

Gestión inteligente

04.10.2013 | 01:02

Ha sido una de las palabras más utilizadas para calificar uno de estos foros de innovación and bussines, que afortunadamente ya son costumbre y cíclicos en Málaga. En esta ocasión Greencities&Sostenibilidad; inteligencia aplicada a la sostenibilidad urbana. Acertadísimo y necesario. El lema del evento, «Gestión inteligente», ha sido el detonante de esta tribuna. Es lo suficientemente evocador como para invocar una curiosa reflexión de lo que podría estar ocurriendo en nuestro país desde el punto de vista social y económico. Para empezar por su significado. Gestión sinónimo, según la RAE, de «acción o trámite que hay que llevar a cabo para conseguir o resolver una cosa». Respecto a inteligencia, otro tanto; «facultad humana de aprender, comprender y razonar». También posee la acepción; «entendimiento o acuerdo entre dos o más persona». En base a esto, cabría preguntarnos, ¿qué acciones se han llevado a cabo desde hace decenios para solucionar los problemas estructurales que nos aquejan período electoral tras período electoral al país (una tasa del 60% de paro juvenil no se hace en dos días)?, ¿Cuánta comprensión, entendimiento o acuerdo existe en este maravilloso y constructivo país?... Como en el apalabrados, posiblemente la conjunción de estos dos vocablos daría pie a multitud de variables. A tenor de la definición, si tuviésemos que examinarnos en base a los resultados del INE (Instituto Nacional de Estadística en materia de desempleo, deuda, renta familiar, etc) la nota, y no daría lugar a otra; en Gestión Inteligente, Vicente, tienes un Muy deficiente.

La planificación para resolver en un país cortoplacista y acostumbrado a apagar incendios diariamente, es una constante desde Cánovas del Castillo hasta la fecha. Además es algo que es común a lo local, autonómico o nacional. Every day, hay mil marrones que solucionar, acostumbrándonos en muchas ocasiones a solucionar la papeleta con la gestión del puñetazo en la mesa y palante. Ya veremos qué pasa. Cuestión de temperaturas y pasiones. ¿Y qué me dicen de la cuestión del entendimiento? La unión en el parlamento ante la situación de emergencia del país lo dice todo. Las leyes péndulo en materia educativa, económica y energética lo ejemplifican a las mil maravillas. De la LOGSE a la LOU. De las energías renovables (y me gasto una fortuna en inversión para amortizarlas en decenios) a me las cargo allí donde estén, que curiosamente ya no sirven pa ná. Cuestión jacobina que alimenta ese, conmigo o contra mí del panorama nacional. Y si es común a los gobiernos, estén donde se encuentren, lo más triste es que en ocasiones, es común a todos. Y es aquí donde tocamos hueso, porque todos, es la materia prima con la que construiremos el futuro.

La solución inteligente a esta ineficaz gestión (que por otro lado podría ser una de las respuestas a la eterna pregunta de ¿y cómo solucionamos esto) es muy sencilla. La respuesta es: Valores. Honestidad. En este país necesitamos ser mejores. Y esto es convivencia. Todos hacemos país. Era la clave de esa victoria kennedyana en donde apelaba al corazón con su ¿y qué haces tú por este país?, al preguntar enfáticamente a sus ciudadanos con aquel carisma mítico, ¿qué papel juega él o ella? Y en cuestión de convivencia, que es responsabilidad de muchos, es para pensárselo.

Buena parte de la solución a nuestros ancestrales problemas vendrán sin duda alguna de la mano de la eficacia, por supuesto de las personas que nos gobiernan con el ejemplo y las personas. Digan lo que digan, la sociedad tiene una fuerza imparable. Es una de nuestras principales bazas. Ahora bien... Recientemente el Reader Digest, ante la pregunta ¿cuál es la ciudad más honrada del globo?, se pusieron manos a la obra y realizaron un arriesgado experimento para medir fehacientemente el rango de honestidad de las personas que vivían en determinadas sociedades. Así, hicieron perder en parques, plazas o centros comerciales192 carteras de bolsillo en 16 poblaciones de Europa, América Latina, Estados Unidos y La India. Hecho esto se sentaron a esperar a ver cuántas eran devueltas a sus propietarios. El resultado de este «estudio» ha encumbrado a Finlandia, como la más honrada de las urbes seleccionadas. Y es que en Helsinki se devolvieron once de las doce carteras extraviadas. En el caso de España se recuperaron dos carteras, una cifra que solo supera a la de Lisboa, donde solamente se devolvió una de los monederos.

«Por supuesto que devolvimos la cartera», contaba un matrimonio finlandés natural del barrio obrero de Kallio a la publicación. «La honestidad es una convicción interior», confesaban. «Somos una comunidad tranquila, sin apenas corrupción», afirmaban. La cosa está clara. Muchos tenemos esa convicción de que esto sería demoledor para arrojar por la borda esa picaresca, que algunos confunden con la gracia del superviviente. El potencial y la creatividad que tiene el malagueño, el andaluz, el español, siempre ha impresionado al mundo. Esto sí que sería una buena dosis de valores, una gestión inteligente de nuestra sociedad, y digo esto porque curiosamente, en esta selva que parece engullirlo todo, mucha gente, deteriorada y desanimada por buena parte de nuestro devenir, piensa que esto de los valores es un cuento de hadas.Un brindis al sol. Curiosamente la existencia de estos se asocian, en muchas ocasiones, a las mejores economías del mundo. Se sirven de la concordia, el civismo, la amabilidad y el cumplimiento para construir cualquier detalle de su sociedad. Incluido y para empezar a devolver carteras de personas que se extravían, que es lo mínimo que puede hacer una persona decente (aquí solo llegamos al 7% de honestidad si nos guiamos por el sui generis experimento). Para así terminar gestionando inteligentemente países en donde no pasan del 8% de paro.

No sé qué piensan ustedes, pero en las cafeterías, en las casas, en las oficinas, en cualquiera de sus hábitos más cotidianos, mucho me temo que para mejorar realmente este país además de eficacia y ejemplo de los gobiernos, necesitamos cambiar también mucho de nuestra forma de hacer algunas cosas. Porque de las carteras se pasa a esto, u aquello. De los casos «Rodrigo Calderón» en época de Felipe II, a los Malaya, del asunto «nombela» de Lerroux en los años 30, etc, etc... y así en desdichado bucle. Es cuestión de actitud. Aún así es una buena señal. Dependiendo de la sociedad, muchas soluciones podrán venir de ésta. Es cuestión de gestión inteligente. Ojalá llegue algún día ese momento en el que imperen de forma natural los valores. Siempre se puede. Y son la base de todo, ya lo hemos visto en materia de sociedades del bienestar. No perdamos la esperanza. Muchas personas de este país se lo merecen.

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