Pasando la cadena

Valores y tópicos

16.10.2013 | 05:00

Se dice en teoría de la comunicación que todo lo que no añade, estorba. También, que entre el emisor y el receptor viaja el mensaje, por el medio elegido, entre ruidos. Éstos son las interferencias que impiden entendernos con claridad, añadiendo elementos que distorsionan la utilísima sencillez con que podemos comunicarnos. Y muchos de ellos nos los inventamos, a veces, para tapar nuestras propias carencias.

Ocurre como cuando vemos a un buen futbolista jugar a la pelota. El que es bueno de verdad lo hace con tanta sencillez que viéndole parece fácil hacerlo. Es igual que cuando escuchamos a alguien explicar algo de lo que verdad sabe; se le entiende fácilmente. Y, al revés, cuando a ese alguien no se le entiende es porque tampoco él sabe de lo que está hablando; usa términos ajenos y enrevesados para tapar su propia ignorancia. Y esto ocurre en el fútbol demasiadas veces.

Viene todo esto a cuento de la fraseología que hace fortuna vacía en nuestro deporte. Insisto en ello por los comentarios que me hacen algunos lectores y amigos respecto a lo que expuse hace unas semanas.

Veamos. Una jugada determinada a balón parado se puede ensayar repetidamente para ejecutarla con inteligencia en el terreno de juego, engañando al contrario o aprovechando sus debilidades y las fortalezas propias, y en ese caso se puede hablar de un movimiento estratégico. Pero de ahí a llamar a cualquier saque de esquina o de falta una jugada de estrategia hay el mismo trecho que va entre un comentarista con personalidad a un piernas. Lo mismo ocurre con la manía absurda de incorporar términos de lenguajes extranjeros a hechos futbolísticos. El ejemplo más tonto, por reiterado, lo tenemos en señalar que un futbolista ha marcado tres goles con dos palabros ingleses de los que no quiero acordarme. El español es incluso más rico que otros para denominar cualquier circunstancia que se desarrolle en un campo de fútbol. Así que, como valor a tener en cuenta antes de seguir borreguilmente modas con poco fundamento y costumbres extranjerizantes, entendámonos en castellano. Gracias.

Como valores son también los que perseveran en aprovechar las mejores características de nuestros internacionales en la selección nacional –lo de la Roja es otra tontuna tópica–. Cuando un equipo se cierra con todo el equipo detrás de la pelota apuesta por el aburrimiento. Pero a muchos les aburre, paradójicamente, el equipo que tiene que atacar machaconamente para abrir las líneas del aburridor. Cuando hay una madeja tupida delante de la portería contraria y sus mimbres son buenos defendiendo, ya me dirán ustedes qué caminos tiene el que pretende marcar que no sea el de la paciencia. Pues eso es lo que hace el equipo de Del Bosque o el Barça cuando se le cierran los equipos rivales, que es casi siempre.

En la realidad anterior también ha hecho fortuna el consabido «aburren» en boca de algunos. Sin embargo, para otros muchos es una manifestación de superioridad que desearíamos que durara decenios. Cuando eso no sea así añoraremos estos tiempos de tan buen fútbol y tantos éxitos. Al contrario de lo que ocurre con aquéllos en los que casi siempre nos quedábamos a las puertas de nada. No son para desear que vuelvan, creo.

Valores son también la sencillez, la humildad y el trabajo bien hecho. Al contrario de algunos especímenes que andan por ahí diciendo que han sido los mejores en clubes que cuentan su trayectoria por éxitos. Como uno de quien les hago el favor del anonimato, por tontuna reiterada, diciendo que ha sido el mejor entrenador del Real Madrid en su historia. Este tipo soñará siempre con sus años blancos por la frustración que acumulará sabiendo que cogió el olivo por incapacidad manifiesta. Ha hecho tópicos de sus absurdos, y la pena es que todavía hay demasiados simplones que los repiten.

Otro contravalor que también hace fortuna en el fútbol es el que asegura con suficiencia infundada que a los jóvenes hay que dosificarlos para que triunfen. Será a algunos; ya me dirán la calma que necesitaron Raúl, Casillas o los colegas de Butragueño para llegar a donde apuntaban. A ver si Ancelotti se dejara también de tópicos apostando por Morata, Jesé y Carvajal. ¡Cuántos se han desaprovechado por tal gilipollez!

Y ya, lo del Barça y el nacionalismo irredento sería para que «se lo hicieran mirar», hablando propiamente. Los fracasos que se esconden tras esa engañifla impropia son tan gordos como numerosos.

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