Las siete esquinas

Visceralismo

20.10.2013 | 05:00

La polémica sobre las declaraciones del músico Albert Pla al diario La Nueva España, en Asturias –«A mí siempre me ha dado asco ser español, como espero que a todo el mundo»– me pilla leyendo una vez más los aforismos de S.J. Lec, que son una especie de purgante intelectual que todos deberíamos tomarnos de vez en cuando. «He visto jaulas volando, dentro había águilas», dice Lec en uno de sus «pensamientos despeinados» (muy bien traducidos por Emilio Quintana), y no creo que haga falta repetir que todos los argumentos que se usen en este debate –o más bien griterío– del españolismo y del catalanismo son argumentos enjaulados, ya que cada uno de nosotros, ya sea Pla o usted o yo, expresamos nuestras ideas –que creemos hermosas criaturas voladoras– como si fueran libres y racionales, cuando en realidad están perfectamente enjauladas: enjauladas por nuestros prejuicios, por nuestros intereses o por la fuente de nuestros ingresos; y a un nivel más primario, enjauladas por la lengua que oímos de pequeños o por la lengua en la que hablamos a nuestros hijos. Así que en este debate no hay forma de librarse de la jaula, tanto si Albert Pla dice –quizá en sentido irónico o provocador– que le da asco ser español, como si un periodista de la extrema derecha se refiere a Cataluña como «la cloaca catalana», toma ya. ¿Dónde están aquí las ideas? En ninguna parte, porque aquí sólo hay jaulas, gritonas y cacareantes jaulas voladoras.

«Cada siglo tiene su edad media», dice Lec, y sin duda hemos entrado en nuestra propia edad media, una época irracionalista donde imperan el sentimentalismo y el visceralismo y donde parece que han desaparecido por completo los valores de la razón y del pensamiento, que son fríos y dubitativos y que no permiten los gritos ni los saltos ni las manifestaciones multitudinarias ni las banderas que ondean al viento. Cuando los argumentos que se usan en un debate son puras interjecciones mentales o pura flatulencia emocional –«Me da asco ser español» o bien «la cloaca catalana»–, está claro que estamos en una especie de nueva edad media donde el pensamiento mágico está mucho más presente que el raciocinio. Y así no vamos a ningún sitio.

De todos modos, yo no me tomaría muy en serio a Albert Pla. «Con un gorro de bufón no se pueden hacer reverencias», dice Lec, y Albert Pla lleva siempre puesto un gorro de bufón con el que nunca –repito: nunca– se le ha visto hacer reverencias, a diferencia de tantos y tantos cómicos independentistas. Que yo sepa, Pla ha cantado en catalán y en castellano, ha puesto música a los poemas del gran José María Fonollosa y no se ha arrastrado de manera rastrera ante el poder, ya sea de un signo o de otro, catalanista o españolista. Y me temo que Pla, cuando dijo lo que dijo, estaba riéndose de esta polémica cargada de emocionalismo enfermizo que se ha apoderado de nosotros. «La Historia: un conjunto de hechos que no deberían haber ocurrido», sentencia Lec, y no sé por qué, veo a Albert Pla corroborando esta frase con una gran sonrisa, mientras agita el gorro de bufón lleno de cascabeles.

«También con los sueños se puede hacer mermelada: basta añadir fruta y azúcar», dice Lec, y caigo en la cuenta de que esta frase es la definición más exacta que he leído acerca del proyecto independentista catalán, ya que es puro delirio sentimental fabricado con toneladas de mermelada. «Lástima que al paraíso se vaya en coche fúnebre», dice Lec en otro sitio, y veo ahí también los sueños de tantos y tantos independentistas. «Se mudó de Sodoma a Gomorra», dice otro aforismo, y pienso en los que se engañan pensando que cambiando de régimen administrativo van a cambiar las circunstancias reales de su vida. Pero entonces leo otro aforismo de Lec: «Al pato le gusta la naranja. Es la opinión del cocinero», y me doy cuenta de que es la mejor definición que existe sobre la postura intransigente que niega la posibilidad de realizar una consulta soberanista, ya que nos comportamos como el cocinero que obliga al pobre pato a ser cocinado con la naranja que nosotros le imponemos, y encima asegurando que al pato le gusta así, pobrecito.

Si queremos llegar a algún lado, este debate debería evitar todo referencia al asco y a las cloacas o a los sueños y a los destinos. Ni patos a la naranja ni mermeladas sentimentales, por favor. Nada de eso. Sólo raciocinio y frialdad emocional, nada más que raciocinio y frialdad, al menos mientras aún sea posible.

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