Tribuna

Reencarnación

24.10.2013 | 05:00

No me negarán que el budismo tiene su puntito, y eso que al no tener un dios es imposible considerarlo una religión, porque el gordo y respetable Siddarta Gautama, más conocido como Buda, fue solo un guía. Quizás el éxito de esta filosofía radique en su idea de volver a nacer con mayor o menor suerte según el tipo de vida que hayas llevado antes de tu muerte.

A quien dude sobre esta teoría le recomiendo la lectura de Muchas vidas, Muchos maestros. Un libro escrito por el empírico doctor Brian Weiss, un prestigioso psiquiatra del Hospital Monte Sinaí nada sospechoso de sofismas y supercherías. Tras empaparme de sus páginas he llegado a la conclusión de que en mi vida anterior no fui bueno del todo porque, aunque no me quejo, en estos días tengo una hipoteca más duradera que Jordi Hurtado y de salud vamos tirando. Por eso me he propuesto ser exquisito, no bueno, exquisito. Puede que así en mi próximo renacer sea premiado con una existencia más placentera y me recompensen con un trabajo bien remunerado por un esfuerzo mínimo.

Quien sabe, puede que me convierta en estilista del Papa, piloto de safety car en la F1, vendedor de Ikea, redactor de discursos de Ana Botella, ministro de economía, logopeda de Shakira o tercer portero de la selección española. Si me esfuerzo mucho es posible que llegue a ser actor de doblaje de cine porno, cadera de monarca, asesor del consultor de un consejero, Spiderman en un descampado, miembro del COI, Santa Claus, guionista de Bob Esponja o concejal de playas en invierno. Aunque también puede que alcance la perfección y reaparezca en un futuro como acertante de euromillón, chef creativo de McDonald, autor de best sellers eróticos, fugado con causas prescritas, decorador de la Moncloa, jugador de curling o presidente de la Junta. Lo que no imagino es qué tipo de vivencia desviada llevó quien hoy se ha transformado en cerebro de Albert Pla, tertuliano de sobremesa, conciencia de José Bretón, letrista de reggaetón, traficante de vidas en Lampedusa, árbitro de cuartos en Champions, dictador en Siria u ofertante de preferentes.

Ahora bien, puestos a valorar la teoría de la recompensa y gratificación con un trabajo bien remunerado a cambio de un esfuerzo dudoso, no logro alcanzar a entender qué milagros obraron en otras vidas quince de las personas que hoy son magistrados del Tribunal de Estrasburgo. Y no digamos de los políticos españoles pro reinserción que parieron una norma penal tan absurda.


* En apoyo a todas las víctimas del terrorismo.

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