Juzgado de guardia

El aborto y la insensibilidad del gobierno

06.01.2014 | 05:00

Hace tiempo que vengo diciendo que el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, es un cadáver político, más allá de la atroz ley del aborto que nos retrasa más de cincuenta años en el mapa europeo y que condena a las mujeres a dar a luz pese a que el niño traiga graves malformaciones. Una de sus reflexiones recientes, la de que él no tendría problema en tener un hijo con alguna malformación, retrata a las claras el problema de este Gobierno: la falta de sensibilidad hacia los más débiles. No se trata de que usted, que puede pagar sus cuidados, lo tenga. ¿Qué pasa si el niño nace en una familia humilde a la que se le ha recortado la dependencia? La ley nace muerta y no refleja el sentir mayoritario de la sociedad española que, si bien no es proabortista, pretende que haya más supuestos basándose en el sentido común. La violación, la malformación fetal o el riesgo para la madre, como tercer supuesto, sin tener que obligar a las mujeres a pasar por un itinerario administrativo cruel y dramático para quien ya tiene un difícil papel. Hacen falta más supuestos y no propiciar, otra vez, que las españolas tengan que abortar en las dudosas manos de cualquiera.

Hay quien dice que legislar a favor de la vida es progresista. Estoy de acuerdo, pero también lo es dar a la mujer la autoridad moral y jurídica para decidir lo que ocurre con el hijo engendrado en su seno materno. Un nacimiento a destiempo puede destrozar muchas vidas, y condenar a niñas muy jóvenes a luchar contra viento y marea desde el inicio de sus vidas. Hay que hacer hincapié en la responsabilidad y la prevención a la hora de mantener relaciones sexuales, pero eso sólo se arregla con educación de la buena, por un tubo. Esta ley somete a un maltrato innecesario a las mujeres, las desposee de su legítimo derecho a decidir sobre la vida del nasciturus, que también tiene derechos, como dice el Constitucional. Ni una legislación proabortista ni este lamentable texto legal. Tal vez más supuestos y menos trabas administrativas o una ley de plazos más estricta serían el camino correcto entre el extremismo ideológico y la progresía falsamente entendida. Cuidado, éste es un tema difícil en el que las posturas apriorísticas han de quedar aparcadas y la ley, que nace de una mayoría absolutamente ciega al reclamo de las clases populares, habrá de ser modificada, y mucho, en su recorrido legislativo. Para legislar no basta con arreglar problemas, sino que el buen gobierno se sustenta, también, en no abrir frentes innecesarios una vez que ha quedado claro que la Ley de Zapatero ha propiciado una caída de las interrupciones de embarazos. Legislen con sentido común, respetando a las mujeres.

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