Cartas al director

08.01.2014 | 05:00

Un alcalde con muchos humos
No es la foto ni noticia que uno querría ver cuando se habla de Benaoján. Pero no todo va a ser describir su paisaje y las excelencias de sus monumentos naturales, amén del repertorio sabroso de sus productos chacineros. Ahora toca hablar, a remolque de informaciones aparecidas en algunos medios nacionales, de comportamientos cuando menos extemporáneos y fuera de lugar del primer edil de este pueblo señero del Guadiaro. Cigarro en ristre no esperó a que se diese por finalizado un acto en el salón de plenos del Ayuntamiento para echar volutas de humo al aire ante el asombro de la concurrencia.

El mandato del alcalde, Francisco Gómez, nació de un pacto «in extremis» entre la Agrupación Independiente (APB) que él dirige y miembros de IU y el PP, en las elecciones municipales de 2011, que vino a derrocar a Soraya García (PSOE), la cual antes había sufrido una moción de censura (2009) que acabó con su mandato municipal.

Hasta ahí todo normal, si por normalidad se entienden los rifirrafes que por lo visto vienen siendo habituales y los pareceres encontrados y esgrimidos con enconada tensión para tratar de hacer sucumbir al adversario en lucha denodada y sin cuartel. Pero ya digo, eso es consustancial con la vida parlamentaria ya sea en el Congreso o en las sesiones plenarias de un pequeño pueblo que no llega a los 1.500 habitantes mal contados, como es el caso.

Lo que sí parece preocupante es que un pleno municipal no se guarden las formas debidas y por todos aceptadas. Su articulado viene dada por la Ley Reguladora de las Bases de Régimen Local (7/1985 de 2 de abril, art. 46), y entre otras disposiciones se admite el derecho de los ciudadanos a grabar las decisiones de sus políticos y el desenlace de sus actuaciones. Es lo que, al parecer, acaba de hacer la portavoz socialista Soraya García, quien tomó instantáneas del primer edil fumando sin que el pleno en cuestión hubiese terminado.

No parece que sea muy plausible esta actitud, que en sí misma, y sin que medios gestos añadidos, resulta provocativa, sobre todo proviniendo de alguien en quien recae la responsabilidad de que las sesiones se desarrollen dentro del más estricto cumplimiento de las normas establecidas. Se pueden echar humos en un debate enconado que nace de la disparidad de criterios, pero los del cigarro se deben expeler necesariamente en otros espacios en los que no concurran personas que detestan esta costumbre.
José Becerra
Málaga

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