Pasando la cadena

El balón y los palcos de oro

22.01.2014 | 05:00

El Balón de Oro es una engañifla inventada por una revista francesa para dar lustre a sus paisanos a la menor ocasión, sustraída después por la FIFA con el fin de seguir perpetrando cacicadas a mayor gloria de sus dirigentes. No se explica, por ejemplo, que en tiempos de Di Stéfano sólo obtuviera dos galardones y el gabacho Kopa lo ganara una vez. Como tampoco que Gento no lo fuera nunca con seis copas de Europa en su haber. O antes Kubala y después Puskas. La única excepción española fue Luis Suárez con un trofeo cuando ya estaba en el Inter, quedándose Amancio sin premio en aquellos tiempos habiendo sido campeón de Europa de selecciones con España en el 64 y por clubs con el Madrid en el 66.

Más recientemente tenemos el ejemplo de Butragueño y el más flagrante de todos en el caso de Raúl. Que quien sigue siendo el máximo goleador europeo no lo haya obtenido, y jugadores coetáneos suyos como el inglés Owen o el italiano Cannavaro lo posean, dice bien a las claras la seriedad de tal invento. Unas veces se excusan con que determinados futbolistas no han ganado nada ese año con sus clubes o selecciones, y otras que es a título individual, como realmente fue instituido.

Y ya, en el colmo del disparate, veremos cómo los extraordinarios Xavi e Iniesta, habiéndolo ganado todo con su selección y club y siendo catalogados como los mejores centrocampistas del mundo durante varios años seguidos, coincidiendo con sus mayores triunfos; se retirarán sin obtenerlo. O sea, que tampoco es para tanto tal distinción. Que Messi haya sido el ganador varios años seguidos es de justicia discutible, porque si bien con el Barça sí fue el mejor, en su selección bajó muchos enteros. Y es que, sin los citados anteriormente ´Cascales ya no es Cascales´, como se decía por Murcia hablando de un celebradísimo torero artista local con más sombras que luces. El argentino ha sido, sin duda, el delantero más determinante del fútbol europeo en los últimos años, a excepción del pasado, en el que Cristiano ha sido el mejor. Por eso ha sido de total justicia su reciente galardón. Pero hablamos de goleadores, que no de jugadores totales como otros que sí lo ganaron en su momento.

En ese caso podríamos reiterar a D. Alfredo, y a Boby Charlton, Cruyff, que lo obtuvo en tres ocasiones, como Platini, aunque con menor recorrido; a Zidane y al desaparecido Eusebio, también más delantero. Fenómenos que llenaban con su presencia casi todo el campo.

Viene lo anterior a cuento de que realmente debería haber un galardón por demarcaciones y no mezclar churras con merinas. Lo más equilibrado sería premiar al mejor portero, defensa, medio y delantero, dejando como mejor jugador a quien supla con su gran diferencia cualquier comparación con otros. Y eso, amigos míos, sólo se da de vez en cuando, como es el caso de alguno de los citados que nadie discutiría.

Cambiando de tema, me decía mi amigo Ibarra en la comida semanal de la Peña del Pavo, con esa ironía suya que es un modo de señalar cariñosamente cosas chocantes, que se me notaba mucho el aprecio que siento por el actual presidente del Real Madrid. Y desde aquí aprovecho para aclarar la circunstancia.

El señor Pérez me parece un personaje tan brillante en sus negocios y seguramente a nivel personal, como oportunista en la presidencia blanca. Y no sólo eso, sino que su paso nunca será recordado por haber metido la mano en la caja, como sí se podría decir de otros en ese mismo club y en similares, sino por el brillo mediático y la seriedad que le ha dado a la institución. Otro aspecto también destacable fue sacarlo de la ruina económica anterior cuando accedió al cargo en el 2.000, aunque mucho me temo que su sucesor hallará una bola tan grande como el estadio Bernabéu, que esperemos no sea un socavón de esas mismas dimensiones. Que a estas alturas, siendo el club mundial que más ingresa, su deuda ronde los 600 millones de euros –cien mil de pesetas– es de susto.

Diferentes cuestiones son el uso interesado para sus negocios del palco merengue y otros –cosa lícita– o en fichajes y demás lucernarios, y la evidencia de ser el peor presidente de la historia blanca en resultados deportivos; sin comparar el gasto, que sería de escándalo.

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