Al azar

La mayoría absoluta del PP-PSOE

26.01.2014 | 05:00

Neymar es más decisivo que Bárcenas a la hora de provocar una dimisión, hasta el enloquecido mundo del fútbol imparte lecciones de ética a los políticos. En el estadio parlamentario, los socialistas hacen planes como si no se hallaran en situación agónica. El PSOE concede un año adicional de inmunidad a Rubalcaba, con la hilarante promesa de que nadie alterará la paz de este cementerio. El secretario general socialista cumple así con su parte del pacto. No con los votantes, sino con el PP, pues Rajoy se garantiza la ausencia de oposición camino de las generales que ganará el duopolio PP-PSOE, donde el orden de los factores altera el producto porque la preeminencia corresponde a la derecha. De este modo, y regresando al fútbol, se cumplirá el dictamen del profesor Luis Garicano en su libro El dilema de España. «El capitalismo de amigos es en España el capitalismo del palco del Bernabéu y del despacho de Bárcenas». A propósito de Sandro Rosell y Bárcenas, ¿dónde se atrancó la moción de censura que el PSOE iba a interponer ante el único presidente de Gobierno del mundo que figura en una relación de pagos de la contabilidad B de su partido, así calificada por un juez? Rubalcaba no solo pacta con Rajoy, sino que miente abiertamente a a los invitados a participar en las primarias también abiertas. En justa correspondencia, el líder de la derecha se olvida del demonio socialista en su misérrima entrevista con Antena 3. De repente, la crisis se achacaba a la situación internacional, y no a los ejecutivos vicepresididos por Rubalcaba.

Ni un solo ciudadano puede permitirse planear su futuro a diez meses vista, debido precisamente a la incertidumbre sembrada por el bifosilismo PP-PSOE. Sin embargo, el socialismo traza su agenda de los años 2014 y 2015 como si le quedara un atisbo de autonomía. Las primarias de noviembre corresponden por tanto a un pronóstico antes que a una decisión, y los socialistas no se han mostrado muy certeros en sus vaticinios recientes. Ahora bien, Rubalcaba no juega con el azar, sino con el cálculo. Con una eternidad de por medio, quién se atreve a descartar que Rajoy salga en ayuda de su socio y en otoño anuncie elecciones para enero, un seísmo que desaconsejaría un cambio brusco en la dirección socialista. El recalentamiento de la situación catalana, con referéndum convocado en el mes de las primarias del PSOE, también puede invitar a la continuidad.

Al margen de los pactos secretos sellados entre Rajoy y Rubalcaba para garantizarse la mayoría absoluta conjunta en 2015, el secretario general no ha lanzado la carrera por su sucesión entre candidatos descafeinados, sino que se ha garantizado una prórroga. Ha transformado la situación de emergencia de un partido con respiración asistida en un plan quinquenal, de plazos que nadie puede asegurar en medio de la tormenta. En su diagnóstico, el PSOE no necesita tratamiento. Ni Aznar alcanzó tamaño grado de presidencialismo, con la diferencia de que Rubalcaba carece de sondeos favorables para apaciguar a sus huestes. La ausencia de oposición interna daña irreversiblemente a quienes se postulen a medio plazo. Militantes y simpatizantes ni siquiera reconocen ya las voces de Chacón o Madina. En la penúltima travesía del desierto, Zapatero es elegido tras encarnizada confrontación en 2000, y no llega a La Moncloa hasta cuatro años después. Ahora se anuncia un candidato exprés.

La figura británica del gobierno en la sombra no consistía exactamente en que el bien plantado Rubalcaba y Rajoy se repartieran el poder de unas elecciones por celebrar, y en la que sus siglas se arriesgan a salir especialmente descalabradas. Ganan tiempo, han decidido que la estática resulta más tranquilizadora que la dinámica para una sociedad en ebullición. Tal vez convendría que le preguntaran a Blesa, que acaba de notar el aliento de las personas que perdieron todos sus ahorros mientras él comía caviar de Bankia. El tongo entreguista del PSOE suspende durante 2014 las labores de oposición a un PP desvencijado. El tópico obliga a denunciar ahora una crisis de liderazgo, pero sería incorrecto. Como dice el Warren Buffett que pone su dinero donde apunta con la lengua, la base de la pervivencia de las organizaciones modernas consiste en crear plantillas tan sólidas que puedan ser dirigidas por un incompetente, «lo cual acabará ocurriendo tarde o temprano». Rajoy o Rubalcaba están a la altura de su círculo de confianza.

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