Libre directo

Telepascua

10.04.2015 | 05:00

Volvieron a emitir Ben-Hur (¡qué desfasado suena el viejo doblaje al castellano!), como corresponde a una buena Semana Santa televisiva, y llovieron los documentales más o menos rigurosos sobre la figura histórica de Jesús de Nazaret, una aportación de la multiplicidad de cadenas traída por la TDT. Es la nueva norma telepascual: por estas fechas el zapping tropieza inevitablemente con arqueólogos que abren sepulcros de piedra con inscripciones en arameo, investigadores que se sumergen en las profundidades de antiguos rollos de texto hebraicos y antropólogos que examinan huesos de hace veinte siglos cerca de los que se han descubierto unos clavos herrumbrosos. Para hacer la cosa más interesante, a menudo los productores insertan en el programa recreaciones escenificadas de los supuestos hechos, sin que se avise al espectador sobre el grado de fantasía que contiene la recreación.

De ese material audiovisual lo hay que vale la pena, lo hay que se deja ver, y lo hay que directamente provoca risa. Casi todo lo que se emite parte de la base de que Jesús existió y de que los Evangelios son una prueba suficiente de ello. Es lógico, porque si se parte de la premisa contraria, es decir, que Jesús es un mito en su totalidad, o la inflación mítica de un personaje mucho menos relevante, no se podrían hacer todos esos documentales. Una vez argumentado que los testigos no cristianos de su existencia son escasos y hablan de oídas, se acabaría el programa y el tema. Por lo tanto, se da por aceptada la premisa inicial sobre la existencia de Jesús y se investigan las circunstancias, aceptando también –al menos, los más rigurosos– que los Evangelios contienen licencias poéticas y muchas lagunas, y que la tradición las ha llenado sin partir de ninguna base comprobable.

Esto es lo que hacen los documentales más serios, pero los hay que se adentran en el terreno tramposo del «¿y si...?», muy utilizado en la divulgación apocalíptica pseudocientífica. Ésta última consiste decir, por ejemplo: «Miles de asteroides flotan en el espacio. ¿Qué pasaría si uno de ellos cayera sobre Nueva York?». Y a partir de aquí convocas a los científicos a hacer comentarios sólidos sobre una base líquida, por no decir gaseosa. Con Jesús, muchos hacen lo mismo. Un día encuentran unas piedras de hace veinte siglos en la antigua Galilea, alguien se pregunta: «¿Podría ser la casa de José y María?», y ya podemos reconstruir «científicamente» la vida y milagros de la Sagrada Familia. Recreaciones fílmicas incluidas.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Opinión

ROBERTO MORALES

Las claves del derbi

El Real Madrid, tras el empate del Wanda Metropolitano, complica aún más las...

 
 

PEDRO DE SILVA

Una de miedo, para empezar la semana

¿Será posible que (como he leído) el pueblecito inglés en que Isabel...

 
 

JOSÉ LUIS GONZÁLEZ VERA

Nuevo arte malagueño

El devenir de las autonomías está desembocando en una parcelación de todas las actividades, con...

 
 

PEDRO J. MARÍN GALIANO

La calle de las bragas

Pues eso. Que así, de repente, sin saber muy bien cómo se inició esta...

 
 

Morir de éxito

Lo dijo un ingeniero en una reciente rueda de prensa y yo lo suscribo: en las altas esferas de...

 
 

ÁNXEL VENCE

¡Qué vuelven los rusos!

Los rusos, que están en todas partes como el demonio, han alistado un ejército invisible de...

 
 
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine