Pasando la cadena

Equipos de autor

29.04.2015 | 05:00

Hay jugadores o técnicos de club que suelen ser las hormigas; y otros, que personalizan o lucen su trayectoria hasta el punto de estar por encima del resto, siendo proclives a cambiar con frecuencia de colores o sencillamente dando la nota buena o mala en sus equipos de siempre... las cigarras.

Y en la trayectoria de algunos equipos ocurre igual. Los hay con un marchamo determinado durante toda su vida, caso del Athletic de Bilbao en España, por aquello de contar invariablemente con jugadores salidos de sus bases o sencillamente vascos de nacimiento o adopción; o del Arsenal en Inglaterra, por ejemplo, o del mismo Manchester United, que durante decenios han mantenido una misma filosofía de equipo y hasta de juego, fieles a sus autores: Wenger, y Ferguson hasta hace poco.

Y otros, como el Madrid o el Barça, cuyos espíritus permanente son los de optar a tener a los mejores jugadores del mundo, a quienes han imitado equipos extranjeros como el Chelsea o últimamente el PSG con sus chequeras en ristre, a falta de cuajo histórico, que también varían sus esquemas de juego según sus técnicos de turno e incluso sus presidentes. Luego hay otro grupo de clubes que siempre han estado entre los mejores, como el Bayern en Alemania o el Milán y el Inter en Italia, en los que con sus características nacionales y jugadores de segundo nivel dentro de la élite también se dan las circunstancias de los anteriores: ser equipos de autor.

Ocurre lo mismo en España, con equipos como el Atlético de Madrid, el Valencia o el Sevilla, que dentro de sus peculiaridades han lucido más cuando han tenido un autor que les ha imprimido un carácter diferente. Técnicos como Luis y Simeone en los colchoneros, o Benítez y Cooper en los valencianos, o desde los despachos Monchi y Del Nido en los sevillanos y los mismos atléticos en la época de Gil, han tenido y tienen comportamientos diferentes a los de su trayectoria. Resumiendo, podríamos decir que hay jugadores, técnicos y presidentes autores, cuya proyección destaca poderosamente sobre sus clubes.

En épocas antiguas hablaríamos del Madrid de Bernabéu, por ejemplo, como ahora el de Florentino. El primero es el padre del Real considerado el mejor equipo del siglo XX, y el segundo, aparte del dudoso club de los galácticos, también es autor de su época. Igual que del Brasil de Pelé, del Madrid de Di Stéfano, de la Holanda y el Barça de Cruyff, del de Guardiola o del Milán de Sacchi. Ancelotti sabe que, salvo milagro, tiene los días contados porque ha defraudado las expectativas del verdadero autor de este Madrid, Pérez, quien exige ganar cada año un gran título, al menos, y hacerlo bien con los mimbres que él diseña. Y ya lleva quemados unos cuantos técnicos. Algunos con la gran personalidad de Del Bosque o Mourinho. Con el primero se equivocó echándole, hasta el punto de tener que coger el olivo apenas tres temporadas después, harto de fracasos e incapaz de controlar el monstruo galáctico que había originado. Y con el segundo se equivocó trayéndolo.

Y Luis Enrique también lo sabe, salvo que gane la Liga y la Champions, aunque su caso es muy distinto al del italiano. Hacer olvidar a Guardiola, objetivo que pondrán a cualquiera que ocupe el banquillo culé, seguirá moliendo entrenadores hasta que alguien sea capaz, también, de ser autor de otro equipo legendario. Muy difícil, aunque cuente con el mejor del mundo, Messi, acompañado de dos de los tres mejores delanteros de la actualidad, Neymar y Suárez, y varios jugadores de aquella época que han sido campeones de todo con España.

En la selección, igual. El autor de la maravilla fue Luis, y Del Bosque es un continuador cualificado. Y como él no es un creativo tendrá que dejar paso a otro que pueda crear una nueva selección rutilante. También muy complicado. Sólo Simeone tiene un futuro claro. Es el único técnico autor en el actual fútbol español grande. Y en el caso de jugadores, sólo Messi dará nombre a una época del Barça. Porque Cristiano, siendo el mejor goleador blanco de la historia merengue y aunque siga ganando Balones de Oro, tiene a su presidente por encima. ¿Entienden su recurrente disgusto? Celos.

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