Tribuna

Banderas de nuestros padres

Es compatible en la cultura histórica, e incluso en la política española, la convivencia de sus símbolos históricos con naturalidad

02.07.2015 | 01:56

El PSOE es un partido republicano. Lo es desde su fundación en 1879 y se mantuvo así hasta la aprobación de la Constitución de 1978, en la que sin embargo mantuvo una actitud simbólica al abstenerse en la votación de la ponencia constitucional que declaraba la monarquía parlamentaria como la forma política del Estado español. Desde entonces se ha mantenido fiel a la Constitución y a sus símbolos, uno de los cuales es la bandera bicolor.

El historiador británico E. Hobsbawm defiende que los nacionalismos y sus símbolos tienen más historia que identidad, o mejor dicho, se cargan de identidad gracias a la historia que acumulan. En el caso de la bandera española que ha acompañado a la presentación de Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del gobierno, la historia de la Transición se ha encargado de convertirla en un símbolo de la España democrática en el que se han socializado políticamente las generaciones nacidas después del franquismo.

La bandera tricolor tiene la fuerza de su trágica historia. El color morado que le falta a la actual bandera democrática española también tiene ese recuerdo de la aplastada revuelta comunera que se celebra todos los años en Villalar. De no haber mediado la Guerra Civil, sería muy probablemente la bandera nacional española, bajo la que nuestro país quizá habría combatido a Hitler y a Mussolini en la II Guerra Mundial. Pero el levantamiento de Franco en 1936 rescató para sus ejércitos la bandera de la monarquía de Alfonso XIII convirtiéndola en el símbolo de su Dictadura, edificada sobre la victoria, sobre el exilio y sobre la durísima represión sostenida hasta después de su muerte. Con ella la División Azul combatió a los soviéticos junto al ejército nazi.

Es esa historia la que hace que los colores republicanos, y su bandera, estén en el corazón, y en la mente, en la cultura histórica, de muchos españoles, sean hijos o no de familias republicanas. Y que no se la pueda desbancar de ahí: está en la historia de la clandestinidad antifranquista, en el exilio, o en las múltiples fundaciones y Patronatos que conservan su memoria (entre otras y sólo en Andalucía la de García Lorca, la de Alberti, Alcalá Zamora, María Zambrano, Blas Infante, Ayala, Machado, Picasso o las de estudios de CCOO y UGT). El Patronato Alcalá Zamora de Priego de Córdoba es un buen ejemplo: sostiene la memoria del Jefe del Estado republicano, y ha sido gestionado ya por administraciones municipales del PSOE, del PP y del PA.

Es pues compatible en la cultura histórica, e incluso en la política española, la convivencia de sus símbolos históricos con naturalidad. El Ateneo de Málaga, por ejemplo, viene celebrando el aniversario de la II República del 14 de abril como parte fundamental de la historia democrática española, como un elemento inseparable de su cultura política.

Por otra parte la iniciativa socialista tiene que ver con los intentos de apropiación de la bandera de la Monarquía por la extrema derecha y la recurrente tentación de su monopolio por la derecha democrática. De manera que la memoria de ese símbolo ha experimentado cambios sustanciales respecto a las de su historia. Y en cuanto a la paralela patrimonialización de la bandera republicana por la izquierda del PSOE no debe olvidarse que la II República fue esencialmente sostenida por la alianza del Partido Socialista y los partidos republicanos, desde la izquierda de Manuel Azaña y Marcelino Domingo hasta el Partido radical de Lerroux, cuya herencia no tiene hoy continuidad. Y que la participación del Partido Comunista en la defensa a ultranza del régimen republicano sólo comienza con la firma del Frente Popular y durante la Guerra Civil, cuando Stalin se dio cuenta de la fragilidad de la democracia en Europa ante Hitler. Mucho más tardía y contradictoria será la relación con la Republica y su bandera del anarquismo y la extrema izquierda.

Porque tan peligroso sería adoptar el símbolo constitucional actual olvidando que bajo el mismo tuvo lugar la larga y sangrienta Dictadura de Franco, como reclamar la Bandera Republicana como la única capaz de representar a la España actual, heredera de un proceso histórico decisivo y beneficioso como el de la reconciliación entre los españoles y la transición democrática. En ese sentido, que el Partido Socialista y su nuevo secretario general recuerden que la bandera bicolor representa a todos los españoles es un nuevo ejercicio de reflexión y de llamada al debate ciudadano, a recordar que los símbolos no están cargados de identidad: están llenos de historia.

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