Málaga de un vistazo

...Una más

03.07.2015 | 05:00

El cielo luce emborregado. Las malagueñas caminan por la avenida Juan Sebastián Elcano con rebeca de hilo sobre los hombros y yo me pregunto: «Señor ¿por qué nos abandonas?». Cierto es que los pantanos –léase «los charcos grandes»– andan escasos del líquido sin par –con permiso de los borrachos– pero todo tiene su explicación: Él sabe que si llueve en julio, con estos calores, el agua de lluvia se evaporará en un pispás y, ¡oh desgracia!, tendremos que regar las dos macetas que nos corresponden con cocaloca. ¡No... si cuando las cosas se tuercen, hasta las gallinas de Juanito el pollero lo denuncian por maltrato animal porque el coíno se niega a instalarles aire acondicionado en los gallineros! Y es lo que decía mi tía María : «El Señor de los Afligidos nos tiene dejados de su mano». Y rezaba dos rosarios seguidos con muchísima devoción mientras mi tío Juan –primo hermano del insigne Salvador Rueda– movía la cabeza de derecha a izquierda sin emitir un solo ruido porque él sabía que hay personas a las que es mejor permitir que se desahoguen. Que yo sepa eso es aburridísimo, pero malo lo que se dice malo no debe ser. Si algún día voy a Roma se lo preguntaré al papa Francisco, que me cae fenomenal desde que le oí decir que cuando ve, desde su balcón, cómo los «bebitos» se niegan a comer su bocata, él piensa: «Si yo no tuviera estas faldas, repartiríamos nuestras penas, yo me comería vuestros bocatas y vosotros le pediríais perdón al Señor por engañar a vuestras mamás que son lo mejor que Él hizo». Nunca un Santo Padre fue tan sencillo, tan cercano, creo que esto debería tener algún premio, aunque sólo fuera un bocadillo a las diez de la mañana. Él se lo merece, como cualquier mocetón de los que vemos por la calle. Porque tiene sonrisa de niño. Aunque os aseguro que yo no le metería un dedo en la boca. Tiene su carácter.

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