Quemar los días

Instantánea

05.07.2015 | 05:00

El otro día me llamó la atención la foto del homenaje de todos los presidentes del Gobierno al rey Juan Carlos en Casa Lucio, un conocido restaurante madrileño. Susan Sontag afirmaba en Sobre la Fotografía que «Fotografiar es conferir importancia» y, es precisamente eso, lo que en este caso, potencia su carácter simbólico.

Algunos verán en esa instantánea, el interés de lo que no pudimos ver ni escuchar después. Ese territorio lábil entre lo privado y lo íntimo de personajes que nunca dejarán de serlo pero que por compartir cargo o responsabilidad, no dejaron de ser y tratarse como personas: la conversación, la confidencia compartida, la confianza personal y privada de hombres que han vivido siempre en el huracán de la vida pública, las anécdotas vividas y recordadas, el humor y la risa, las excelencias de la cena. El ayer y el hoy. Y claro, la vida política. Toda la historia de nuestra democracia –a excepción de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo– reunida en una cena.

En realidad, la foto confiere importancia al pasado que ellos representan que, además, parece reivindicarse hacia el presente por la propia imagen. Ellos ya no están en la política activa –menos el presidente Rajoy–, sin embargo, su legado sí. Y parece que de eso se trata, de reivindicar ese pasado, esa política, esa democracia construida, a pesar de los errores y de todo lo que ha sucedido. La democracia en España no se puede entender sin ellos y, por tanto, ese homenaje a uno de ellos no es más que un homenaje colectivo a todos y a nuestra historia democrática. La imagen confiere importancia a la transición, a sus protagonistas, a un ciclo político de casi cuarenta años.

Sin embargo, Susan Sontag también afirma que «Todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo». En este caso, unos personajes que pertenecen más al pasado que al presente y que su tiempo pasó. No porque su contribución no fuera importante, no porque su experiencia no sea aprovechable hoy, simplemente, porque su tiempo es el ayer. No es la edad, o que no estén en la vida política activa es que no son porque no están, son lo que son por lo que fueron y eso les identifica con una democracia y una política que también es de ayer.

Política y políticos del ayer, que hoy también llamaríamos según el lenguaje en boga, líderes políticos de la vieja política. Conjugar el pasado y el presente, para desde ahí forjar el cambio y la regeneración democrática que necesitamos es una mirada necesaria de la nueva clase política –la del cambio generacional– y de la nueva política. Para cambiar el presente quizás debamos, a pesar de una sana conciencia crítica, reinterpretar de nuevo y reconciliarnos con nuestro pasado reciente. Sólo es una sugerencia que me produce mirar una foto en un periódico.

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