La mirilla

Una cosa y la contraria

06.07.2015 | 05:00

Andalucía rebajará los precios públicos de las matrículas universitarias a los niveles de 2011. Lo anunció la presidenta de la Junta el lunes. En Sevilla. Durante la toma de posesión de la nueva rectora de Granada. Una buena noticia para facilitar la igualdad de oportunidades. Sin duda. Los universitarios, además, podrán abonar estas tasas en ocho plazos, para que la economía no determine la permanencia o no de un alumno en su institución académica, para que no tenga que abandonar su carrera por imposibilidad de pagarla, siempre y cuando no logre una beca ni del Ministerio, ni de la Junta, ni de la propia universidad.

Y es también buena, sobre todo, después de conocer las cifras hechas públicas por la CRUE, que informaba de que si bien el número de becas concedidas han aumentado, la cuantía media de las mismas se ha reducido al nivel de hace diez años. Casi que no llega. O llega para poco.
Sin embargo, la memoria, y la hemeroteca, están para algo. Susana Díaz dice una cosa y la contraria. Es una cualidad política. Reconocible y reconocida. Porque el Gobierno andaluz no puede bajar unos precios que, según dijo en su momento, no subió. Y no lo hizo en un gesto de clara rebeldía hacia las políticas de austeridad y recortes en educación del entonces ministro Wert. En 2012, a raíz de la aprobación del Real Decreto ley 14/2012, se produjo un incremento notable en las matrículas de las universidades públicas de toda España para cumplir los objetivos de déficit de las comunidades autónomas y para racionalizar el gasto público en educación. Las universidades estaban obligadas, pero Andalucía los ajustó de tal manera que, así al menos lo vendió el Gobierno andaluz, y presumía de ello, esta subida se ajustó a la zona más baja de la horquilla, al menos en las primeras matrículas.

Si entonces no los subió, es imposible que ahora los pueda rebajar. O en 2012 los subió pero dijo lo contrario. O ahora dice que los va a bajar en un gesto de cara a la galería.

Mientras tanto, mientras los políticos dicen una cosa y la contraria también, muchos estudiantes hacen auténticos juegos malabares para poder mantener el vínculo con sus estudios, esforzándose por sacar buenas notas para garantizarse una de esas ayudas que, como su propio nombre indica, ayudan. Pero no lo son todo.

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