La Mirilla

La Agrupación y los cambios

07.07.2015 | 00:58

Las elecciones en la Agrupación de Cofradías del martes pasado dieron lugar a un vuelco en la presidencia. Eduardo Pastor, hasta ahora presidente, fue derrotado en las urnas por Pablo Atencia, que ya lo intentó sin éxito hace tres años. A priori parece que no se van a ver grandes revoluciones en el seno de la entidad. Los programas con los que se presentaron ambos candidatos no varían en lo esencial. La diferencia sí se verá más en la sensibilidad de cada uno al mando de la entidad y en la renovación de cargos.

Este cambio, sin embargo, ha supuesto algo más que una timonel distinto para la Agrupación. Ha dejado cierto regusto amargo al final. El primer gran reto de Atencia no será cambiar el recorrido o aprobar los nuevos estatutos. Ni siquiera establecer un nuevo reparto del dinero de las sillas y tribunas. El reto será volver a recuperar una unidad entre los hermanos mayores que ha sido muy vapuleada.

Las lógicas rencillas que pueden surgir de un enfrentamiento electoral no han mejorado en esta semana tras las elecciones. Parece que la cosa va de hacer clubes exclusivos, como el cacareado «club de Pablo», en unas desafortunadas declaraciones de uno de los apoyos de Atencia. No dudo que ese comentario fuera hecho como una broma, fruto de un exceso de euforia tras la victoria en las urnas. Sin embargo, también ha demostrado una falta de sensibilidad respecto a aquellos que se alinearon con Eduardo Pastor. Y sobre todo no haber entendido que la Agrupación de Cofradías es una entidad de 41 iguales. No hay clubes. Hay una agrupación. Flaco favor ha hecho a Pablo Atencia, que está obligado a no entrar en distinciones ni echar más leña al fuego. Sus primeras declaraciones sobre su intención de ser el presidente de todas las cofradías deben concretarse en hechos. Corremos el riesgo de hacer bueno ese refrán popular de «Entre todos la mataron y ella sola se murió». Y aquí la única perjudicada es la Semana Santa. Empieza a extenderse el hastío ante peleas electorales llevadas a las redes sociales, rencores, venganzas y recriminaciones. Más comunicación, comprensión y sentido común nos vendría bien a todos.

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