Libre directo

Lecciones griegas

15.07.2015 | 00:55

La democracia es la mejor forma de gestionar el poder, pero no da poder por sí misma. Una comunidad puede contar con mecanismos democráticos de admirable perfección, pero solamente con eso no conseguirá que los vecinos le hagan caso. Es cierto que la democracia genera un clima social favorable al progreso, pero ello no es ninguna ventaja relativa cuando los vecinos también la practican.

Lo acabamos de ver en Grecia. Tsipras ha ganado un referéndum para decir que no a las exigencias de la troika, y al cabo de una semana ha aceptado aún más exigencias y sacrificios. Ha cambiado soberanía por rescate. Tenía en sus manos una alternativa, la que le aconsejaban un par de premios Nobel americanos: dar un portazo y marcharse del euro. Pero lo cierto es que no quería correr tanto riesgo; ni él ni la mayoría de los griegos. Merkel le propuso: si os marcháis, os ayudaremos a salir adelante. Pero Tsipras prefirió quedarse y obedecer. Como dicen en las películas del Oeste, no desenfundes si no estás dispuesto a disparar.

La rendición de Tsipras es un aviso a todos los electores europeos convencidos de que querer es poder y que basta con ganar las elecciones para cambiarlo todo. Ganar las elecciones sólo permite cambiar lo que depende de uno mismo, y la nuestra es una Europa con grandes cesiones de soberanía, tanto política como económica. Cesiones que son aún mayores cuando se debe dinero. Ahora mismo la economía española, por poner un ejemplo, depende de los préstamos de liquidez del Banco Central Europeo. Si Draghi quiere, nos hunde en la miseria, y no serviría de nada convocar un referéndum para demostrar la firmeza de la soberanía española. Draghi mantiene las transfusiones porque en el resto de Europa le interesa que la economía española no se derrumbe. Dependencia mutua.

Tsipras convocó un referéndum para demostrar que los griegos son soberanos y la troika le dijo: ya vendrás. Y fue a ella en seguida, cabizbajo, pidiendo auxilio porque los bancos están al borde de la quiebra, y el estado, en la ruina. Quien pide no impone condiciones sino que las acepta. Quien quiera demostrar soberanía a golpe de referéndum debe pensar muy bien si está en condiciones de apañarse solo en caso de que los vecinos le den la espalda y le digan: ya vendrás, y cuando vengas te vas a enterar. Debe estar muy seguro de que no deberá de pedir ayuda el primer día. Si no es así, puede terminar humillado y ofendido, como los personajes de Dostoievski. Como los griegos ahora mismo.

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