Libre directo

¡Que mala es la Merkel! ¡Mira que hacer llorar a una niña palestina!

18.07.2015 | 05:00

Resumen para quienes no lo han visto: Merkel habla con unos chicos de instituto. Una chica palestina está triste porque ella y su familia pueden ser devueltos al campo de refugiados de Líbano de donde llegaron. Merkel dice que le siente por ella, pero que si abrieran la puerta a miles de palestinos refugiados en Líbano, no cabrían en Alemania. Entonces la niña llora, millones de personas lo ven y Merkel es odiosa y odiada.

¿Qué debería haber hecho Merkel? Se me ocurren cuatro posibilidades.

Primera: Lo que hizo. Coherencia absoluta entre lo que dice cuando habla de refugiados en general (no caben todos) y lo que dice cara a cara a un refugiado en particular (no cabéis todos), aunque haga llorar a una niña y esto provoque que la gente la odie por una escena tan triste.

Segunda: Cambiar de política. Acoger todos los que llegan, tanto los que entran a escondidas como los que llaman a la puerta de las fronteras y los aeropuertos. Todos para adentro. Entonces le podría decir a la niña: «te puedes quedar, tú y todos los palestinos que ya está aquí y todos los que vengan». La niña sonríe pero la opinión pública, pasada la emoción, lapida políticamente Merkel porque los alemanes están convencidos de que «no caben todos».

Tercera: Incoherencia y comedia. Le dice a la niña: «seguro que vas a salir adelante». Le dice a alguno de los ayudantes que lo acompañan: «vamos a arreglar los papeles de esta chica». Y no hace ninguna referencia al problema general de las avalanchas de refugiados, para quienes la puerta sigue cerrada, pero lejos de las cámaras. Merkel gana por todos lados. Demuestra empatía y compasión ante las niñas que tienen ojos brillantes de ilusión, pero se ahorra el coste electoral de una entrada masiva de palestinos que inquietaría los habitantes de las ciudades alemanas.

Cuarta: No haber permitido que la situación se diera. Enviar por delante a sus equipos para controlar qué adolescentes formarán parte del grupo que tendrá el privilegio de hablar con ella en presencia de la televisión, y eliminar cualquier perfil peligroso, como el de una refugiada amenazada de expulsión. Les propongo un entretenimiento para tardes caniculares. Se trata de adivinar qué harían nuestros políticos ante una situación parecida.

Quien sería despiadadamente coherente, quien sería despiadadamente comediante, quien sería despiadadamente manipulador, y quien sería generoso y perdería las siguientes elecciones.

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