360 grados

Claridad de ideas

01.08.2015 | 05:00

Decía el otro día un diario de circulación nacional que lo que el PP valora en su nuevo candidato a la Generalitat catalana es su «capacidad mediática» y su «claridad de ideas».

Para ideas claras, las de la líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, o incluso las del primer ministro de ese país, el socialista Manuel Valls, de origen catalán y azote de rumanos y otras gentes de mal vivir.

Ideas claras para problemas complejos: ésa parece ser la consigna de todos esos políticos que anteponen el impacto inmediato de los eslóganes a la profundidad de las ideas.

Tras escuchar las palabras del candidato García Albiol en una emisora de radio sobre cómo iba a dar cuenta de los independentistas, a los que ninguneó con bastante soberbia, me pareció apreciar un tono de cierta chulería.

Un tono que a uno, que ha nacido en Madrid, donde no resulta extraño, le cuesta, sin embargo, asociar al carácter catalán, tradicionalmente más dado a la templanza, a la negociación, al compromiso, lo que allí llaman «seny».

Aunque últimamente todas esas virtudes, tan del norte de Europa, parece que se están también perdiendo en las suaves tierras catalanas, a juzgar por la intolerancia mostrada por muchos independentistas.

Parece creer el presidente del Partido Popular y del Gobierno, tras practicar hasta ahora frente al desafío soberanista catalán un incomprensible y cada vez más insufrible dontancredismo, que lo que se necesita en este momento es un discurso de la máxima dureza.

Y para ello no se le ha ocurrido nada mejor que echar mano de un alcalde conocido en toda España por un discurso populista rayano en la xenofobia, que no desentonaría tampoco en otros países como la Francia de Le Pen o la Hungría de Viktor Orbán, pero que en el nuestro es por fortuna, y para admiración de otros europeos, minoritario.

Un alcalde que ha hecho campaña electoral con panfletos que mostraba una foto de gitanos rumanos acompañada de la pregunta: «¿Es seguro tu barrio?». Y que ha hablado de «limpiar» su ciudad, en clara alusión a aquéllos.

Algo que a uno le recuerda la propaganda utilizada por el Partido Popular Suizo de Christopher Blocher en sus continuas campañas xenófobas contra los inmigrantes.

La apertura de fronteras provoca inseguridad y miedo en los sectores más débiles y desprotegidos frente a los efectos negativos de la globalización y en esas aguas revueltas suelen pescar populistas y demagogos.

¿No vemos cómo, por ejemplo, en Francia Marine Le Pen atrae a muchos obreros que antes votaban al Partido Comunista?
A propósito del fuerte carácter del exalcalde Abiol cuentan algunos medios que en 2006 no dudó en propinar una bofetada a un independentista que abucheaba al entonces ministro del PP Ángel Acebes.

Así de claro y directo parce ser este político en el que Rajoy ha depositado de pronto todas sus esperanzas para recuperar Cataluña.

Cuando uno piensa en cambio que para resolver el conflicto catalán se necesitaría la máxima «finezza», algo que el ex primer ministro italiano Giulio Andreotti decía echar tanto en falta en la política española, el líder del PP apuesta por la contundencia.

Parece en principio que no va siquiera con su carácter. Pero tal vez crea que la política de mano dura allí va a aportarle más votos en las elecciones generales de diciembre. Alguien debe de haberle convencido de ello.

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