Málaga de un vistazo

¿Quién dijo calor?

07.08.2015 | 05:00

Las criaturitas nos empeñamos en no ver la realidad de lo que ocurre a nuestro lado. Que el aire caliente te levanta la piel del rostro: «Corre una fresca brisa». Que los gamberros rondan a una moza, borrachos como cubas te despiertan a las tres de la madrugada, dices: «Chiquilladas de los jóvenes». Que sube el pan: «Total, para el pan que comemos», aunque estés pensando «Ya pagará el inglés el vino que se bebió». Y no es que una quiera ponerse el mundo por montera, es que si no protesto ¿a quién voy a culpar de que cuando era joven un año duraba 365 días y después de mi primer medio siglo me parece que dura 150. Si alguien te dice: «Te quejas por todo» yo contesto: «Sí, hasta hoy no me cuesta nada y, aunque te parezca raro, me divierto un montón». Las cosas claras evitan que tengas más impertinencias de las necesarias.
¡Bien por el Papa Francisco! Desde que llegó al Vaticano ha demostrado que tiene los pies en la tierra. Una, que ha conocido a muchos papas, reconoce en el argentino a un conocedor de todos los hombres y mujeres que pisan la tierra. No puede dirigirse a tantos millones de almas detrás de un reclinatorio sino junto a esos millones de criaturas que piensan, sufren, pasan hambre y también las que trabajan, curan, y comen. Es decir, a todas, las que lo quieren y los que no. El Papa sabe sonreír y lo hace, por supuesto, pero estoy segura de que también llorará y se enfadará cuando el cuerpo se lo pida porque ni más ni menos es un ser humano en todo el amplio sentido de la palabra. Si ahora dice que los divorciados que se vuelvan a casar también forman parte del núcleo de la Iglesia Católica, me alegro porque no hay nada peor que ser excluido por decreto. Me cae bien este Pontífice, al menos, te enteras cuando habla.

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