El Contrapunto

Constelaciones

15.08.2015 | 05:00

Es imposible no amar las hemerotecas. En ellas encuentro que el 19 de agosto del 2009 le dediqué en La Tribuna de Marbella un texto muy sentido («La Virgen de Agosto») a la reunión de los Gastrónomos Pobres de San Pedro de Alcántara de aquel año. Por cierto, el 5 de abril del año pasado, el 2014, tuvo la amabilidad esta casa, La Opinión de Málaga, de dar cobijo y presencia a otro escrito de un servidor de ustedes: «109P Swift Tuttle». Ambos se relacionan y por lo tanto apadrinan juntos estas modestas lineas.

En el primero compartí con los generosos lectores que «creo que en Europa hay dos encuentros sociales que pueden considerarse únicos e irrepetibles: la fiesta de los libreros en el pueblo de Hay-on-Wye, en Gales. Y la cena de los Gastrónomos Pobres, que la familia del Río organiza en el ecuador del verano en Marbella. Bueno, más bien en San Pedro.» En el segundo texto recordé que el 109P Swift-Tuttle es un hermoso cometa, portador del nombre de los dos eminentes astrónomos que lo descubrieron hace ya un siglo y medio. Sus restos –inmortales– nos llegan todos los años a mediados de agosto. Se han paseado estas incandescentes estrellas fugaces por el firmamento estas noches cercanas al día de San Lorenzo, patrón de los cocineros. Por eso se conoce a esta lluvia de meteoros, las Perseidas (por ser oriundas de la constelación de Perseo) , como las Lágrimas de San Lorenzo. Santo que fue martirizado por los paganos en una parrilla sobre el fuego.
El día siguiente, el 11 de agosto, está dedicado por la Iglesia a Chiara Favarone, Santa Clara. La que tanto ayudó a San Francisco de Asís. También prestó la santa su nombre al hotel de George Langworthy en Torremolinos. El primer hotel de playa que hubo en la Costa del Sol.

Aunque el hotel ya no existe, dentro de 15 años celebraremos, Dios mediante, su primer centenario. Fue la noche de Santa Clara la que la familia del Río eligió para la XXV Edición del encuentro del Muy Noble y Antiguo Club de Gastrónomos Pobres de San Pedro de Alcántara, en tierras de Guadalmina. Por obra y gracia de Remedios y Juan del Río y toda su familia. Nunca se lo agradeceremos bastante... Siempre permanecerán esas horas en nuestros recuerdos. Contaron los anfitriones y sus afortunados invitados con la actuación estelar –nunca mejor dicho– de los jóvenes maestros malagueños agrupados en Gastroarte, el primer grupo gastronómico andaluz. Que con tanto acierto tutela su presidente, mi buen amigo el ilustre profesor Fernando Rueda. Entre aperitivos y acompañamientos varios, doce platos excelsos. Cada uno fue obra desinteresada de un maestro. Con la feliz coordinación de Sergio del Río Camacho, sobrino de los anfitriones y antiguo alumno de La Cónsula, siempre portentosa. Como San Lorenzo, también sabe esta institución ejemplar de dolores y martirios. Como lo sabe mi antiguo compañero de trabajo, Cristóbal Blanco. Maestro de maestros en Los Monteros y en el Villa Magna de Madrid y finalmente en La Cónsula.

Recién jubilado, fue aclamado con respeto y cariño en esa noche mágica de Santa Clara, bajo la lluvia de las Perseidas, las lágrimas de San Lorenzo.

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