En corto

Estiaje (III). Seres del nublado

20.08.2015 | 00:56

Cuando un día de verano el sol se nubla, y la llovizna menudea, la playa se muestra casi desierta. Es el momento de sus habitantes más fieles: la mujer de edad que pasea por la orilla con el vestido recogido y sombrilla (para el sol o para la llovizna), la gaviota reidora de cabeza achocolatada que cada año confundo con una cabecinegra, el paseante que recorre el malecón a pasitos muy rápidos, como si fuera un correlimos, la misteriosa y huidiza garceta solitaria, una blanca mancha de elegancia entre las rocas que la bajamar ha aflorado. Año tras año aparecen esos días en los mismos sitios, como si fueran la trama esencial del complejo ecosistema de la playa. Me pregunto si en los días de sol están también ahí, sepultados bajo la multitud, o si la soledad de la playa es el único medio en que respiran, y la mojada y vacía extensión de arena el paisaje en el que se saben ciertos.

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