Vida y milagros de un zurdo

De Málaga a Magaluf

21.08.2015 | 09:11

Cruzado el ecuador de la feria, –en la cual todavía no he puesto un pie, no vaya a ser que me encuentre a las chicas con los cucos mojados en la mano, como dice nuestra cronista de Sálvame Deluxe del Ayuntamiento– salvo en tres honrosas excepciones. La primera para disfrutar del excelente trabajo de diseño que los amigos de Doctor Watson han hecho una año más en ALEA, donde han elegido una selección de carteles de ferias pasadas para decorar cada sala inspirándose en cada uno de ellos; todo un acierto y como siempre cargados de buen gusto. La otra, para felicitar a los amigos de la caseta de Los Coloraos, que tuvieron la deferencia de invitarme a su aniversario, quince años dando el callo ferial cada año, reinventándose y ofreciendo un servicio excelente; gente fetén que pone el listón muy alto. Y la última vez que he cruzado la frontera de la Alameda, para visitar a el gran Eduardo Bandera, en su magnífico y maratoniano programa de 101 TV para hacerme otra entrevista con la poca vergüenza que nos caracteriza.

Mientras tanto, un servidor sigue la maratón de conciertos desde el cielo del Soho, en el Hotel Bahía Málaga, donde estamos consiguiendo poner nuestro granito de arena a otro tipo de feria. Cada día el boca a boca va haciendo su labor, convirtiendo este paraíso ferial en las alturas en toda una fiesta, sin vomitonas, ni olor a fluidos humanos, ni gente haciendo balconing ni señores en bolas bailando electro latino. Entre unos pocos estamos luchando por dejar de ser la mejor feria del norte de África y volver a ser la mejor del sur de Europa. El modelo de feria del centro sin dios ni amo, que este ayuntamiento deja funcionar por inercia sin levantar un dedo por hacerla más atractiva con propuestas culturales, musicales de calidad y educando al personal, está más que desgastado.

Botellódromo

Ir a ver a Tabletom a un parking de feria, botellódromo más bien, con las casetas de discotecas a todo volumen, es una verdadera falta de respeto al público que va a disfrutar de la música y, sin duda y sobre todo, para los músicos y artistas que se plantan en esas tablas. Parece que casar en un mismo texto ayuntamiento y cultura –cultura de verdad, no la de golpes de talonario– es toda una incongruencia. Que la iniciativa privada haga las cosas mejor que los señores que nos representan realmente es para pensárselo muchísimo.

En mano de cada uno de nosotros está que esto no termine de derivar en otra Magaluf; una ciudad como la nuestra no merece el nivel de merdellonerío, aparte del de los políticos que nos ha tocado soportar, que no están al nivel de la ciudad ni por asomo. La ciudadanía es la que tiene la llave de cambiar las cosas con pequeños gestos y concienciándose de que estamos viviendo en comunidad, cada vez que tiras tu maceta de tinto coloreado y sueltas el chorrito más tarde en una esquina le estás haciendo un flaco favor a tu ciudad. Esto tiene que ser algo más que litros baratos, arroz gratis y vinate dulce a palet por ciudadano. Parece que Pedro Aparicio tuvo cerca la diana, le sobraba clasismo, pero se parecía más a una feria que lo que tenemos ahora mismo, estos días por nuestras calles. Que tengan buen final de feria, y a ver si con un poco de suerte y esfuerzo por parte de todos, volvemos a poner en el mapa nuestra ciudad por nuestro arte, gastronomía, sol y turismo de calidad, por buscar la excelencia y, claro está, por estar comandada por gente que este a la altura. El bienquedismo, las frases de vecindonas iletradas y las fotos en cada caseta de los amigos afines al partido no creo que hagan mucho por mejorar la imagen de nuestra feria. Salud y a disfrutar.

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