Punto final

Florentino renueva entrega y compromiso con Ramos

22.08.2015 | 05:00

El desenlace no sorprendió a los que conocen bien al presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, o a Sergio Ramos. Las dos partes, enfrentadas meses por terceras personas presentes en las negociaciones, estaban destinadas a entenderse. Todo se solucionó en 5 minutos cuando los dos se sentaron y se miraron a los ojos. Unidos hasta 2020. «Es mi padre deportivo y yo su hijo deportivo». Es una frase de Ramos en su acto de renovación en el palco de honor del Santiago Bernabéu que define a la perfección la relación que une al presidente con el actual capitán del Real Madrid.

Cada parte defendió su postura en la negociación, tensó la cuerda tanto que a punto estuvo de romperse, pero cualquier disputa quedó en nada en el momento en el que Florentino se sentó con Sergio en China.

El Real Madrid no podía dejar escapar un líder en el campo y el vestuario. Y Sergio Ramos sabía que en ningún sitio iba a estar como en la casa blanca, ni ganando más dinero en el Manchester United inglés que le tentó hasta el final. Florentino decidió renovar compromiso, máxima entrega y liderazgo. Características que definen al defensa sevillano y que tan bien se acoplan a la historia madridista. Tras el adiós de Iker Casillas, no podía permitir la marcha de otro icono del madridismo.

Ramos, el defensa con espíritu de goleador, se ha hecho hueco en la historia del Real Madrid como uno de los mejores centrales del planeta, tras crecer partiendo de la banda derecha, y sobre todo a base de goles históricos, especialmente el testarazo que permitió la remontada sobre la hora en la Décima Copa de Europa o los goles que hicieron campeón al conjunto blanco en el Mundial de Clubes.

Con años por delante para seguir engordando su currículum de títulos (1 Liga de Campeones, 3 Ligas, 2 Copas del Rey, 1 Mundial de Clubes, 1 Supercopa de Europa y 2 Supercopas de España) y creciendo como defensa goleador, ya es el tercero de la historia del club con 55 dianas tras Fernando Hierro (127) y cerca de Roberto Carlos (68).

Hace diez años, la ilusión de Sergio Ramos por jugar al lado de los mejores jugadores del mundo, le hizo abandonar el Sevilla y firmar por una cantidad baja de ficha. Desde entonces, siempre ha luchado por firmar el contrato de su vida y ha defendido al máximo ver reflejado en su nómina la importancia que tiene en el terreno de juego y el vestuario.

El pulso que ha tenido con el club desde el diciembre pasado, acabó teniendo consecuencias que en el Trofeo Santiago Bernabéu mostrarán su calado. Se filtró su petición de 10 millones de euros anuales, se endemonió la figura del hermano y representante René, de su famoso entorno que siempre han usado como arma arrojadiza en su contra.

Sergio cometió el error de no abrir la boca. No dijo nada ni en sus redes sociales. Lo hizo a la cara, interrumpiendo sus vacaciones para ver en Valdebebas al director general José Ángel Sánchez y exigir respeto.

Las partes estaban destinadas a entenderse y el viaje a China en la gira de pretemporada fue el momento perfecto para sentarse presidente y capitán y desbloquear todo. Ramos cobrará menos de lo que pretendía, cantidad que puede alcanzar con primas si logra títulos, y el Real Madrid se asegura la continuidad de una de sus señas de identidad.

El final feliz tuvo la escenificación deseada en una familia bien avenida. Con la presencia incluso del técnico Rafa Benítez, el primer interesado en tener a Sergio centrado para recuperar el nivel que le sitúa entre los mejores. Con Florentino como padre deportivo y su familia en una foto para el recuerdo; incluidas su mujer Pilar Rubio y su hijo.

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