La última batalla

24.08.2015 | 05:00

Roberto: «Abandoné la literatura cuando empecé a sentir vértigo al releer lo que había escrito. No era una sensación enriquecedora: me empobrecía como autor y contaminaba mi vida privada. Los demás me veían tan angustiado que se alejaban. Por aquel entonces descubrí que el viaje al interior de uno mismo sin protegerte siempre termina provocando un miedo que no conduce a nada bueno. Que amordaza y aturde hasta hacerte perder el sentido común. Hay gente a la que le pesan mucho los trenes que no tomó, pero yo me enorgullezco de los que dejé pasar. Una vez, un periodista ceñudo me preguntó, tras publicar una insignificante colección de relatos por presiones de la editorial, que si mis sombras eran mis mejores amigas, y me di cuenta entonces de que la imagen que tenía de mí el mundillo literario (lo llamo mundillo porque es así de diminuto y ruin) era la opuesta a la que yo deseaba mostrar. Yo quería escribir páginas que animaran a los lectores a vivir tomando todos los riesgos que fueran necesarios para que valiera la pena el viaje, páginas que no pecaran de ingenuas pero que no se convirtieran en certificados de defunción de la esperanza, porque la esperanza sólo hay que perderla cuando pierdes la vida. Yo quería dejar huellas en la arena, no en el agua donde se ahogan todos los que no ven más horizonte que su propia vanidad y su egoísmo. Pero mis libros conseguían todo lo contrario, y estaba claro que el error era mío, que la diferencia entre mis intenciones y los resultados demostraba mi falta de talento para llevar las palabras al lugar que yo quería ir. Y cuando eso ocurre, lo mejor es guardar silencio y no seguir dando voz a ese intruso que vivía en ti y se niega a rendirse. Ese extraño me conocía tan bien que me vencía. Una y otra vez. Ahora sé que sólo importa lo imposible. Que las únicas batallas dignas de emprender son las que sabes que perderás. Que sólo volveré a empuñar las palabras si consigo que todas y cada una de ellas tengan la misma temperatura que mis heridas, a las que pertenezco porque me pertenecen».

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