Crónicas galantes

Cuernos al aire

26.08.2015 | 21:36

Una filtración en la empresa de citas Ashley Madison, que es el Wikileaks de los adúlteros, ha dejado en calzones y con las cuentas corrientes al aire a cerca de cuarenta millones de infieles en todo el mundo. Está visto que ya ni se puede poner los cuernos en la intimidad, vulnerada una vez más por el Big Brother de Internet. No es que los datos publicados por los piratas que los habían tomado al abordaje en la Red revelen nada nuevo, naturalmente. La propia compañía informó hace un par de años que contaba con más de un millón de clientes en España: cifra que se aproxima bastante a la de aspirantes a adúlteros que ha desvelado la filtración. Puede que parezcan muchos, pero sus razones tendrán. El matrimonio es una carga tan pesada que a menudo exige la ayuda de una tercera persona para sobrellevarla, aventuró en su día Alexandre Dumas. Los archivos robados a Ashley Madison no han hecho sino confirmar la teoría del escritor francés que, dicho sea de paso, predicaba con el ejemplo. Consciente tal vez de la necesidad de darle un alivio a la institución matrimonial, Ashley Madison se limita a ejercer la vieja función de Celestina, si bien en la versión cibernética que requieren los nuevos tiempos. Para ello no dudó en irrumpir en España con un rompedor lanzamiento publicitario que incluía al entonces rey Juan Carlos I entre los adúlteros a imitar. El ahora monarca emérito compartía cartel con el expresidente Bill Clinton y el príncipe Carlos de Inglaterra, bajo el eslogan: «¿Qué tienen en común estas tres realezas?». Obviamente, la respuesta era: «Deberían haber utilizado Ashley Madison». De este modo, la empresa pretendía vender discreción, lo que no deja de resultar un sarcasmo con lo que ahora les ha pasado a sus millones de clientes que andan por ahí en coplas. Dos de ellos se suicidaron estos días en Canadá al tomarse el asunto por la tremenda; y muchos otros viven en un sinvivir por miedo a que su parienta los descubra mientras curiosea en Internet. Nada de esto último sucedería si los afectados se tomasen el asunto con la misma deportividad que propugnaba el antes mentado Dumas. Además de inventar la entrañable palabra «cocu» –o «cornudo», en su brusca traducción al castellano–, los franceses tienden a pasar galantemente por alto los pequeños escarceos amorosos en que pudiera incurrir un cónyuge. En vez de montar un escándalo, como es habitual en España y otros países árabes, lo que hacen es montarse un ménage à trois, fórmula amatoria que satisface los intereses de todas las partes implicadas. Un notable teórico del asunto fue el socialista Charles Fourier –francés, naturalmente– que ya en su época ensalzaba las virtudes solidarias del adulterio bajo el principio de que el matrimonio es una institución aberrante basada en el egoísmo. Mucho antes de que Ashley Madison le sacara provecho económico a sus teorías, Fourier reputó de monstruoso el hábito de la monogamia e incluso llegó a catalogar en un famoso panfleto las 76 distintas especies de cornudos que existen en el mundo. Quizá Fourier y Dumas puedan servir de consuelo y apoyo espiritual a los millones de adúlteros que sucumbieron al lema «La vida es corta: ten una aventura» con el que Ashley Madison tentaba a sus clientes. Ahora han visto traicionada su intimidad por querer traicionar a sus señoras. Es la moraleja de las nuevas tecnologías.

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