Inventario de perplejidades

La carta de González

03.09.2015 | 05:00

En su periódico amigo, el expresidente del Gobierno Felipe González ha escrito una carta abierta a los ciudadanos de Cataluña advirtiéndoles del peligro de apoyar a la coalición independentista en las próximas elecciones autonómicas, esas a las que el presidente de la Generalitat ha calificado como plebiscitarias. La salida a escena del veterano político se produjo dos días después de que otro político socialista (y catalán), Josep Borrell, aprovechase la presentación de un libro para incidir sobre el mismo asunto señalando las mentiras con las que, a su juicio, los independentistas intentan engañar a los electores haciéndoles ver un horizonte de buenaventuras que no se corresponde en absoluto con la realidad que les espera si la secesión se consumase.

La coincidencia en el dictamen entre González y Borrell pone de relieve la gravedad del problema. Todos recordaremos que González en colaboración con su periódico amigo hizo todo lo posible para cortar el ascenso político de Borrell cuando triunfó en las primarias como candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno en contra del criterio del aparato felipista. Pero el incidente ya está superado. El político catalán fue desviado, como premio de consolación, a la Unión Europea donde llegó a presidir el Parlamento comunitario y aquí paz y después gloria.

La carta del veterano dirigente "a los catalanes" advierte sobre los cuatro peligros que les acechan. A saber: peligro de desconexión con una parte sustancial de la sociedad catalana; peligro de desconexión con el resto de España; peligro de desconexión con Europa y peligro de desconexión con Iberoamérica, una comunidad de lengua con 500 millones de personas. Pese a todo, y una vez señalados los peligros, González (que no ofrece soluciones al problema de fondo) no cree que España se vaya a romper "sea cual sea el resultado electoral". Una afirmación rotunda que seguramente se hace desde la creencia, un tanto soberbia, de que la fuerza de los votos es relativa y hay otros poderes, internos y externos, que garantizan la unidad del Estado.

El manifiesto de González, en forma epistolar, sobre los males de la patria, tiene ilustres antecedentes entre nosotros. Aquí alcanzaron gran notoriedad, en su tiempo, las Cartas de relación que dirigió Hernán Cortés al emperador Carlos; las Cartas de Antonio Pérez, el que fue secretario de Felipe II; las Cartas del Caballero de la Tenaza de Francisco de Quevedo; las Cartas Eruditas y Curiosas de Fray Benito Feijóo, ilustre benedictino ourensano que hizo de Oviedo su hogar definitivo; las Cartas Marruecas de José Cadalso; las Cartas de España de José María Blanco- White; la Carta sobre el Origen de los Toros de Nicolás Fernández Moratín; las Cartas Finlandesas de Ángel Ganivet; las Cartas a Mujeres de Jacinto Benavente; y las Cartas a los Delincuentes de la ferrolana Concepción Arenal, tan recordada y apreciada que hasta da nombre a un trofeo veraniego de fútbol. Es posible que esta carta de González no pase a la historia de la literatura ni de la política, pero hay que alabar su intención de que todo se arregle pacíficamente. Por cierto, se echa en falta, al enumerar las desconexiones de una hipotética Cataluña independiente, la desconexión con la OTAN. ¿Quedará España dentro y Cataluña fuera? Eso sería motivo de otra carta.

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